lunes, 19 de enero de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda


Mi dedo se ha hecho la cirugía estética antes de nacer... es así... imprevisible... Y también me ha dado permiso para que os escriba a continuación una de sus breves historias...

R.I.P.  

La mañana que se conocieron él se levantó junto al odio que le acompañaba en algunas ocasiones y ni la ducha lograba llevárselo por el sumidero. Ella también sintió ese odio después del café, con el último sorbo amargo. Cada uno salió de su casa como un día más, sin que el destino tuviese la obligación de unirlos, pero la persistencia de la lluvia les obligó a guarecerse en aquella cafetería. Él entró unos instantes antes, aunque pidieron a la vez: a partir de ese momento comprendieron que no estaban hechos el uno para el otro. Por eso les casó dos meses después un juez sordo y mal encarado en un juzgado con goteras y en un día sombrío de invierno. No quisieron tener hijos, pero diez años más tarde cuatro niños chillones y mal educados rodeaban la mesa del comedor. Cuando llegaron los nietos (siempre dijeron que no cuidarían a ninguno) pasaron más tiempo con ellos de lo que lo habían hecho con  sus hijos. Luego, llegó la hora de la residencia: no tuvieron otro remedio que vivir en la misma habitación, era mucho más barato. Murieron el mismo día y a la misma hora. Hoy él ocupa un nicho en el cementerio de su pueblo, en Galicia, y ella está enterrada en la sepultura familiar, en un pueblo de Almería. Por fin descansan en paz.

viernes, 16 de enero de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda



Mi dedo me ha dicho que os cuente que pronto, la semana que viene, estará en Amazon. De momento no he logrado más información (a veces se hace el interesante) pero os prometo que en cuanto sepa algo más vengo y os lo chivo...

sábado, 10 de enero de 2015

SER Y NO SER CHARLIE

SER Y NO SER CHARLIE


Cuando veo el video de esos descerebrados fanáticos rematando a sangre fría a un indefenso ser humano tirado en el suelo, me siento Charlie. Cuando veo la foto de la redacción de Charlie con los papeles y la sangre mezclados sobre el suelo del pasillo, me siento Charlie. Cuando oigo o leo las proclamas a favor de la libertad de expresión que los hipócritas dirigentes europeos enarbolan en sus discursos, me cuesta sentirme Charlie como ellos dicen sentirse. Cuando pienso en los miles de muertos que nuestra civilización occidental (en nombre de una presunta libertad que no es la que yo anhelo, de una libertad asesina) esparce por las tierras de países como Siria o Irak, me cuesta ser ese Charlie que coloca la libertad de expresión en el límite del desprecio y la confrontación. Cuando veo algunas viñetas de Charlie yo, que no creo en las religiones (en ninguna), soy incapaz de ser Charlie, aunque siempre tendré claro que contra un lápiz y un papel hay que utilizar métodos (en este caso sí civilizados) que no portan armas: los juzgados. Cuando veo que la xenofobia dice sentirse Charlie yo sí soy Charlie y la expulso de ese sentimiento. Y también me siento Malala, y la niña de Gaza (@Farah_Gazan) que tiene en Twitter una inmensa ventana por la que asomarse a la copia de una libertad a la que nosotros a veces no hacemos ni caso. Y me siento uno de los niños que no hace mucho fueron asesinados en su colegio por los Talibanes. Me cuesta mucho sentirme solo Charlie, porque parece que únicamente lo que ocurre en nuestro privilegiado suelo de Occidente tiene importancia, que las masacres que ocurren a cada instante en el otro mundo (de las cuales somos culpables en gran medida) tienen que existir para que nosotros sigamos viviendo dentro de nuestra burbuja (ahora algo contaminada). Me cuesta ser Charlie al cien por cien. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Quizá hombres de nariz de zanahoria


Hablaban de un color blanco de cristales minúsculos helados, de quizá hombres de nariz de zanahoria, de magos que convertían sus pañuelos en pelotas de trapo, de cánticos alegres en noches de vigilia, de mesas saturadas, de sonido, de ruido, de eco, de luces voladoras. Escuchaba (siempre escuchaba) y miraba. Sentado alrededor de las mesas (entre ellos) contemplaba las luces, los magos, el color… Cambió su nariz por una zanahoria y esperó a que el sol derritiese los minúsculos cristales. Feliz.

viernes, 5 de diciembre de 2014

He visto a los peces del Sena



He visto a los peces del Sena
subir una a una, desde su lecho, las piedras de Notre Dame
y construirla de nuevo sobre la tez del río.
¿O acaso los ríos no sueñan ni amanecen?

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Ajenos


Distraídos, serenos, dueños de la impunidad,
como si no quisieran nada de ti,
hacen malabares sobre el filo de un instante,
ausentes, incapaces de mirarte a los ojos.

Distraídos, serenos, dueños de la impunidad,
tarde o temprano dominarán
el segundo que creíste ganado,
el segundo antes de mesarte los cabellos
y esparcirlos por el aturdido viento de la noche,
junto al sueño deshecho.

Distraídos, serenos, dueños de la impunidad,
ajenos a nada y a todo, letales. Y tuyos.
Porque tú los creaste,
porque fuiste el culpable de que un dios ateo
engendrase en tu mente la simiente del caos
que ahora mece tu alma.

Distraídos, serenos,

dueños de la impunidad.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Psicoanálisis

Psicoanálisis

Hará un par de horas que inicié mi autopsia. La primera incisión, con ese humo espeso y negro que salió de los pulmones, casi me obliga a desistir. Más tarde, cuando se disipó, encontré junto al hígado algo que me pareció una onza de chocolate, puro (eso sí), noventa por ciento de cacao. Entre la quinta y la sexta vértebras creí ver algún famoso; los flashes me cegaron y me resultó imposible averiguar de quién podría tratarse antes de que desapareciese tras el cartílago. Al llegar al corazón comprobé que lo tenía agujereado por completo (lógico), aunque solo apareció una flecha cerca de él; las demás las localicé bastante más abajo, apiñadas en el interior de la próstata. Lo de mi ex en el estómago, me lo temía: hace noches que me acuesto con ardor.

No me cabe la menor duda de que lograré averiguar las causas exactas de mi fallecimiento, pero ahora me siento muy cansado y empiezo a oler un poco mal, prefiero guardarme en el frigorífico. Mañana continúo.

Irma o esa persistente calle de París