Donde todos

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domingo, 13 de noviembre de 2016

Entrevista en Vallecas Va

Os transcribo la entrevista que me hizo Roberto Blanco para la edición de este mes de noviembre de Vallecas Va. Agradecido, como siempre.


Me he convertido en alguien que ya no puede vivir sin la literatura

Luis Miguel Morales, vallecano y escritor, acaba de publicar y presentar en la Librería Muga ‘Donde todos’, su primera incursión en el género novelístico

ROBERTO BLANCO TOMÁS

Luis Miguel Morales es ya de sobra conocido por nuestros lectores. A este vallecano, hace unos diez o quince años, le dio “por dedicarse a este oficio de escribir”. Sigue con ello: “cada vez estoy más dentro de ese oficio y más fuera de otros”, nos explica, hasta el punto de que se ha convertido “en alguien que ya no puede vivir sin la literatura”. Acaba de publicar la novela Donde todos, de la que hablamos en una entrevista la mar de agradable realizada en su casa, en la habitación donde escribe.

Repasemos lo que llevas publicado hasta el momento…
Comencé con La sombra de las horas, libro de relatos que autoedité con Círculo Rojo en diciembre de 2011. Precisamente uno de sus relatos fue el que me animó a continuar, El tiempo, premiado en el Certamen de Narrativa Corta Carmen Martín Gaite. Luego he participado bastantes antologías, y también he escrito relatos para revistas culturales. Después de eso entré en la editorial Playa de Ákaba, con la que sigo, donde me han incluido en la “Generación Subway”. Y luego, como estaba tonteando con la poesía, envié a mi editorial un poemario, y mi sorpresa fue que quisieron publicarlo: se titula Apenas lucidez. De antes tengo también otro libro de relatos, El dedo índice de mi mano izquierda, solo en digital, pero lo quiero sacar en papel. Y ahora sale Donde todos, mi primera novela.

¿Qué va a encontrar el lector en ella?
Va a encontrar un personaje, un hombre, que una mañana, como una más de los últimos veinte años, entra en su coche, lo pone en marcha y se mete en la carretera. Trabaja en una empresa que se llama Te Cuento, y vende historias. Es como los repartidores de cualquier producto: le asignan sus clientes del día, va a sus direcciones, lee un cuento, le pagan, y ya está. Estos cuentos, una vez leídos, han de desaparecer por contrato. Ésas son las condiciones de la empresa: tiene prohibido guardarlos, los tiene que destruir. Esa mañana, según va por la carretera, todas esas historias que tiene en su mente, el único sitio donde existen, le dicen: “quiero salir”. Entonces se da cuenta de que algo no funciona, que no tiene sentido lo que está haciendo, que a él —y ahí, un poco, empieza todo— lo que le gustaría es que esas historias salieran adelante.

¿Cómo surge esta idea?
Ha ido surgiendo... No hay un momento concreto, porque además, entre estos relatos que crea el protagonista hay algunos que ya los tenía escritos. No los he metido por meter, porque eso distorsionaría toda la novela, pero me he dicho: “anda, éstos me vienen de maravilla para lo que quiero contar”. Entonces los he ido enlazando y situando en el momento justo donde yo quería. En cuanto a la idea principal de la novela, me llegó un día en el que estaba buscando temas y “dándoles vueltas” para hacer algo… El caso es que a mí me gusta mucho interactuar entre realidad y ficción y confundirlas, es el terreno donde me encuentro a gusto, algo que ya se ve desde un principio en la novela. A partir de esta premisa, fui entremezclándolo todo, la idea original y los relatos, y en ese sentido esta novela es un poco “Frankenstein”: está todo “cosido”... Pero claro, hay una trama principal, en torno a un personaje que es el eje de la novela. También he de decir que me gustan los personajes obsesivos, para bien y para mal [risas], y este personaje tiene una obsesión, que es el amor: hay una chica por medio que para mí es tan importante como la otra trama que te he comentado, son paralelas.

Has practicado muchos géneros… ¿Hay en alguno de ellos que te guste especialmente?
Me gusta cualquiera, siempre que quede satisfecho. Si estoy satisfecho del resultado, me da lo mismo el género. Quizá me muevo mejor en el relato corto, en una o dos páginas, porque es más inmediato. Pero suelo plantearme retos, probando formatos nuevos para mí, siempre manteniendo mi estilo propio. Ya digo: me siento a gusto con todo, y a lo mejor me inclina a hacer más cosas cortas el tiempo de que dispongo, que en la actualidad es limitado, pero en un futuro espero tener más.

¿Cómo es tu relación con Vallecas?
Mi relación con mi barrio, como abarca todos mis años de vida, es uña y carne [risas]... Pasé la niñez en la Colonia de Santa Ana, y aunque estuve unos años viviendo en Pacífico, enseguida volvimos. Luego fui al instituto Tirso de Molina en horario nocturno, porque ya estaba trabajando. Allí conocí a la que es hoy mi mujer, y también encontré mucho movimiento: teníamos las manifestaciones de la Transición, las movilizaciones por la situación del propio instituto, que luego lo tuvieron que tirar y hacer uno nuevo… Y eso te hacía ver el cambio bestial de estar viviendo en Vallecas tu vida de niño a vivir allí de adolescente y encontrarte en un entorno bastante “movido”. Ahí empecé a vivir ese “ambiente distinto” de Vallecas, con movilizaciones en los barrios, con todas las asociaciones… Y en cuanto a la cultura, también descubrí un “mundillo” bastante particular…
 Luego vivimos mi mujer y yo durante diez años en el barrio de San Diego, y después, a principios de los noventa, otra de las movidas gordas en las que estuve fue la de esta casa [vive cerca de la Asamblea de Madrid], que era de PSV, la cooperativa que luego se fue al garete. Teníamos el edificio medio construido y se pararon las obras. Hubo que pelear, y fue fundamental la unión de los vecinos para salvarlo.
Pero te diré también que yo esto de “ser de Vallecas” lo vivo con un carácter abierto, pues este barrio lo es: aquí buena parte de la gente viene de fuera, trabajadores que han ido llegando de múltiples procedencias, y ésa es la maravilla. Yo soy de Vallecas y de Madrid, pero estoy encantado de que alguien sea vallecano y no proceda de Vallecas.

¿En qué andas actualmente, aparte de la novela?
Ya estamos con la próxima edición del concurso de microrrelatos de Vallecas Calle del Libro, y va a haber novedades. Va a unirse al jurado Víctor del Árbol, el último Premio Nadal, y también tendremos a Freya García, la ganadora del primer año. Al mismo tiempo, se están buscando más patrocinadores y se va a mover el certamen por más lugares, por ejemplo por los institutos. En general, se va a revitalizar el certamen. Y aparte de éste, también se está buscando dar un poco más de notoriedad a los poetas y escritores en el propio Vallecas Calle del Libro, con recitales por distintos lugares, dentro y fuera de Vallecas. Me voy a encargar de coordinar ese ciclo “itinerante” de poesía y relatos.

¿Algún mensaje especial para nuestros lectores?

Creo que el movimiento cultural que hay en Vallecas es importante, pero también creo que, habiendo aquí tanta gente dedicada a la cultura (escritores, teatro, música…), tenemos que seguir adelante y potenciarlo aún más, pues estoy convencido de que se puede. Hay materia prima más que de sobra…