Donde todos

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martes, 28 de enero de 2014

Desde pequeñita


Siempre fue muy inteligente. A los menos siete meses, sabía leer y escribir. A los menos cinco, se matriculó en el colegio. A los menos dos, comenzó el bachillerato. La selectividad le costó un poco más porque los exámenes casi coincidieron con el parto. Hoy, Ana defiende la tesis doctoral. Estamos todos muy nerviosos. Incluso ella: se le acaba de caer el chupete. Espero que no se ponga a llorar.

martes, 21 de enero de 2014

Papá



Después de comer, sentado en su orejero, cerraba los ojos y se moría. Mamá me decía que no, que cómo podía decir esas cosas, que papá se quedaba dormido. Pero yo siempre supe que se moría. Cuando dejaba de morirse le daba un beso, él me sonreía y me guiñaba un ojo.
La noche que papá no dejó de morirse, mamá lloraba. Me llevó a la cama y no pude darle el beso. Entonces supe que se había dormido.

jueves, 16 de enero de 2014

De viaje




Bajé. Lo necesitaba. Tanto tiempo ahí arriba, sola, comenzaba a distanciarme de ellos, cada vez los notaba más y más indiferentes; además, siempre pensé en hacerlo alguna noche. Qué mejor momento que ese: las fiestas. Deseaba percibir la presión de la cerveza al salir del grifo, antes de rebosar la espuma el vaso; por eso elegí aquel sitio, detrás de la improvisada barra. Boni se sorprendió al verme a su lado y dio un paso atrás, tropezó y cayó sobre el empedrado de la plaza. La orquesta paró de tocar cuando dejaron de bailar y volvieron la cabeza hacia mí, hacia aquella luz que casi les cegaba. Hortensia y Rufino fueron a resguardarse, asustados, bajo los soportales del edificio del Ayuntamiento. Yo seguí tirando cerveza. Sabía que lo comprenderían enseguida (era una noche en la que podía suceder cualquier cosa), y así fue: en un par de minutos retornó el baile, Hortensia y Rufino empezaron a dar vueltas al compás del pasodoble y Boni me ayudó con la bebida para calmar la sed de las personas que, de nuevo, se arremolinaban a nuestro alrededor.
Estuve unas dos horas con ellos, hasta que yo también sentí mi falta. Le hice un guiño a Boni y, con rapidez, regresé a mi lugar. A lo lejos ya se oían los aullidos de los lobos, y pude ver cómo en la plaza del pueblo todos me miraban de reojo, satisfechos. Suspiré.

                                                           Gracias, Ana, por soñar.

domingo, 12 de enero de 2014

Artículo en el VallecasVa de enero: El cartel



EL CARTEL

Salía yo del Paco Rabal la primera vez que lo vi. Un hombre como de mi edad y embutido en un chándal de color oscuro. Uno más de los que pasea, a buen ritmo, por nuestro barrio. No sé por qué me llamó la atención. Quizá la hoja de papel volando hacia su pie.

Al día siguiente lo volví a ver, apareció al doblar la esquina de Pablo Neruda con Santos Inocentes. Comenzaba a despegar el celofán que unía el cartel a la pared. Terminó de arrancar el papel y lo arrugó. Lo tiró al suelo. Nos cruzamos. Intenté leer qué anunciaba sobre el suelo. No paré. Me pareció ver las siglas de algún partido político.

Pasaron un par de fechas. El gélido viento había dejado vacía la avenida de Buenos Aires. Lo divisé cuatro farolas más arriba. No dejaba un cartel intacto; los arrugaba y los tiraba al suelo. No tuve más remedio que preguntarle, cuando llegó a mi altura, ¿por qué? Porque no son más que mentiras impresas, me contestó. Volvió a emprender la marcha y seguí sus pasos. De la marquesina de la parada del autobús, del escaparate de la tienda que se alquilaba; siguió arrojándolos al suelo. Adelanté mis pasos a los suyos y volví a interponerme en su camino. Te lo he dicho: mentiras. En mi juventud enarbolé banderas del PSOE, del pendón de Castilla; asistí a mítines del PC; corrí delante de los grises cuando Carrillo se ocultó bajo una peluca… ¿Y ahora qué tenemos? Unos partidos políticos por los que luché y que se han convertido en secuaces de los dueños del dinero. Una democracia que ni ella misma se reconoce en los bancos del hemiciclo. Estos carteles que entonces nos enseñaban dónde podíamos encontrar la libertad, ahora nos quieren convencer de que siguen estando con nosotros, a nuestro lado. Pero no, ya no son los mismos. Ahora se merecen estar en el suelo, arrugados, a nuestros pies, en espera de un puntapié o de una escoba y un recogedor que los lleve hacia donde deben estar, el cubo de la basura. Le contesté que algo teníamos que hacer, que alguien debía organizar nuestras protestas. Sí, alguien, pero… ¿quién? No supe qué decirle. Siguió su camino y me quedé quieto sobre la acera, dándole vueltas a lo que acababa de decirme.

Aún no he encontrado la solución. ¿Vendrá desde alguno de los movimientos que han nacido por causa de la putrefacción de los partidos tradicionales? ¿O estará en la red?, en esos Facebook y Twitter que aún no han controlado, aunque lo intenten. Lo que sí tengo claro es que no podemos callarnos, que cada firma que hacemos en alguna de las plataformas de peticiones online, es una chincheta que ayuda a frenar la marcha de la maquinaria que está destruyendo nuestro Estado social y democrático de derecho que creíamos era para siempre y los usurpadores de votos quieren aniquilar. Algún día podremos volver a colocar los carteles con la ilusión de antes, de aquellos años de la Transición. En Vallecas sabemos de sobra lo que es pegar carteles, empezando por aquel instituto Tirso de Molina de los años setenta y ochenta, y terminando por las asociaciones que ahora mismo están en la lucha.

Por mi parte seguiré dando la voz a personas como las que os acabo de contar, sean reales o no, porque estoy convencido de que el poder que tienen las palabras nunca lo van a poder controlar. Siempre existirá una rendija para que las letras lleguen a la conciencia de la gente, para que separemos los ojos y la mente de ese otro mortífero cartel en movimiento que es la tele de los que mandan; y elijamos. Hay que salir a la calle y juntarse con los vecinos, y asistir a los acontecimientos culturales, que en Vallecas hay muchos y son un arma contra este totalitarismo que quiere volver. Y chillar, aunque nos quieran hacer callar con cañones de agua a presión. Nunca quedarnos callados a la espera de que en las siguientes elecciones empapelen las fachadas y las mentes con esos carteles embusteros. Echarlos, para después engrudar las paredes de nuestras calles y llenarlas de carteles como aquellos que nos guiaban hace unos años. Necesitamos que vuelvan.

                                                                           Luis Miguel Morales


miércoles, 8 de enero de 2014

Contactos

"Escritor independiente desea conocer y entablar amistad, siempre con miras a una relación honesta y estable, con agencia literaria y/o editorial". Un día os encontraréis esto en la sección de anuncios por palabras de cualquier periódico. Y, salvo que alguien tome nota y se me adelante, a continuación mi nombre y apellidos y mi número de móvil. Quizá incluya también la url de mi blog…
¿Son necesarias las agencias literarias y las editoriales hoy en día? ¿O nos bastamos y nos sobramos los escritores para sacar adelante nuestras obras haciendo de agente, de editor, de social media y de chico de los recados? Y de escritor, por supuesto. Aunque… igual no tenemos tiempo para crear y hay que pensar en dejar este trabajo a un negro literario.
Corta, pero tengo experiencia de lo que os hablo después de dos años haciendo de todo con mi libro de relatos, autoeditado, La sombra de las horas. Ha sido, y es, muy satisfactoria, no puedo negarlo, pero… el día solo tiene veinticuatro horas y se tienen que dividir, a saber, entre el trabajo remunerado (te da de comer), la familia (te da la vida), escribir (también te da la vida), redes sociales (digamos, que te quita un poco de vida), amigos y, de vez en cuando, descansar. Respeto por completo la opinión de los compañeros que creen que la editorial tradicional ha muerto y que somos capaces de sustituirla, pero no la comparto. Para mí, un escritor se debe dedicar fundamentalmente a escribir, a crear, a tener los cinco sentidos a disposición, única y exclusivamente, de sus personajes. Lo demás, es trabajo del agente literario y del editor. Y llegado el momento de la promoción: a disfrutar de los lectores, pero con alguien que te lleve de la mano, no teniendo que buscarlos tú de puerta en puerta, o de red en red.
No quiero extenderme, este tema daría para folios y folios, en otro momento podremos hablar de formatos, de precios, de intereses editoriales, de “literatura” mediática u oportunista. Hay muchos matices. Pero hoy os quería exponer la reflexión que hace ya un tiempo me ronda la cabeza.
Aunque, estoy pensando… es posible que… cambiar el texto de mi anuncio… "Escritor independiente desea conocer y entablar amistad, siempre con miras a una relación honesta y estable, con lectores independientes".

¡Vaya! Creo que tengo una duda…