martes, 5 de mayo de 2015

Jack Lemmon quizá en diez minutos


Una técnica de reproducción asistida muy frecuente en el mundo de la escritura es la inseminación artificial (de donante). En nuestro hermafrodita mundo, los escritores a veces la elegimos y construimos una historia a partir de una idea dada, como en el caso de los certámenes de temática dirigida o en los que nos obligan a incluir una o varias palabras ya proporcionadas en las bases. ¿Por qué os cuento esto? Porque me ocurre en ocasiones que una obra así pensada me parece no publicable, como si debiera esconderse en el cajón si no ha sido seleccionada y revelada por los convocantes. Solo en ocasiones, y no es este el caso. Os dejo con un micro escrito para un certamen en el que “elevamos sueños” era la frase obligatoria.

Jack Lemmon quizá en diez minutos 

Mira el reloj y comprueba que faltan diez minutos para que las puertas del edificio abran. Aún tiene tiempo de acomodar el puño de la camisa entre las yemas de los dedos y la palma de la mano y, tras lanzar una mínima bocanada de aliento, lustrar el letrero dorado: Elevamos sueños. Con un leve movimiento de hombros recoloca la chaqueta del uniforme y pulsa el botón del último piso. Sale a la terraza a contemplar, solo un minuto, la recién atusada cabellera de la ciudad. Regresa a su refugio y, al cerrarse las puertas, suspira; de nuevo el sonido de las poleas le hace sentirse Shirley MacLaine.  

domingo, 26 de abril de 2015

Un vallecano en La Noche de los Libros de Madrid el día de Sant Jordi


Un vallecano en La Noche de los Libros de Madrid el día de Sant Jordi

Vallecas, las diez y veinte de la mañana. Huele a brisa salada en mi barrio. El autobús 57 me dejará en Atocha en poco menos de media hora. Antes de llegar a la plaza del Reina Sofía una manifestación me advierte de que estamos en Madrid, de que aquí a los libros les cuesta despertarse en este día 23 de abril, de que la Cuesta de Moyano está tan acostumbrada a las protestas como a su olor de libros de esos que guardan literatura escrita en mayúsculas entre sus tapas. Debo darme prisa, a las once abren el Gran Salón de Lectura de La Noche de los Libros los compañeros de Playa de Ákaba con su Madrid Animal Literario. Cierto y acierto de título. Por una vez la Comunidad de Madrid, institución, también acierta en algo y baja la literatura a las calles, a esta plaza de losetas fabricadas con cultura. No, esto no es la Barcelona de los dragones y de las rosas, aunque me sigue llegando ese fuerte olor a brisa salada que me acompaña desde allá, desde ese puerto de mar de mi barrio, al otro lado de la M-30. Poca gente por los sillones de la plaza. Poca gente y buenas letras leídas desde la tarima. Me viene el recuerdo de la parada del Paseo de Gracia del año 2013. Vuelvo a estar junto a ellos: (In) DEPENDIENTES DE TI. Compañeros. Pero estamos en Madrid, olvídate. Recorro el Paseo del Prado, Recoletos, llego hasta Colón y le contemplo allí arriba, sin mar cercano al que señalar, aunque estoy seguro de que a él le llega también la brisa vallecana. Turistas, muchos turistas. Madrileños también por las calles, imagino. Y manifestantes. Siempre. No hay más remedio que protestar. No, no hay rosas ni apenas libros. Es que vosotros tenéis la Feria del Libro y nosotros solo tenemos este día, un único día, cómo no va a rebosar la ciudad de fervor literario. A nosotros también nos gustaría disfrutar durante más de dos semanas como vosotros con vuestra Feria. Sí, no os faltaba razón. Vale. Pero añoro más que nunca ese Sant Jordi de 2013.
Calle Alcalá, Andrea, veinte años y el cartoncillo que cuelga de su cuello gracias a una larga cinta roja: Save the children. Luismi, me llama Luismi. Me emociona que una cría de 20 años me llame Luismi y me acorrale con esa solidaridad y concienciación que tantas personas no han sentido ni sentirán nunca en la vida. Le confieso que soy escritor. Porque hoy soy escritor, solo eso. Eso. Durante veinticuatro horas no soy ni siquiera persona, soy escritor. En el Círculo de Bellas Artes no comienzan a leer El Quijote hasta las seis de la tarde. Las poesías del Salón de la ONCE no vuelven hasta las cuatro y cuarto de la tarde y no he oído a ningún poeta. Sigo sin ver rosas por las calles de Madrid. ¡Claro! Es que aquí es La Noche de los Libros. Tendré que esperar a que el sol se vaya escondiendo tras los tejados.

Son las seis y media en la plaza del Reina Sofía, he quedado de nuevo con la gente de Playa de Ákaba. Soy un afortunado, formo parte del jurado de un concurso de microrrelatos que organizan ellos. Durante una hora, cualquiera puede acercarse y entregarnos un máximo de quince líneas que hable de sueños… Tras la tarima comienzan a traernos los folios. Ángel, Antón y yo nos asustamos un poco… ¡Que esto se llena! Noemí no para de traernos más folios. Y las chicas de la organización de la Comunidad de Madrid, también. Y algún chavalito despistado que llega hasta nosotros. Desbordados. Lees. Y opinas para ti. Y nos decimos que no nos va a dar tiempo. Y nos dicen que tenemos menos tiempo, que hay que decidir. Y decidimos, aunque sabemos que es imposible ser justo. Aunque sabemos que somos justos. Y me conmueve que la chica que gana el primer premio esté como un flan. Y la segunda premiada, también. Y nos subimos a la tarima y mientras Ángel lee el resultado veo que la plaza está repleta de gente. Nos han llegado casi cien micros en una hora… Por un momento retrocedo porque siento que una ola enorme nos va a empapar a todos. Esto sí es. La Noche de los Libros de Madrid en el día de Sant Jordi. Veo al santo montado en su caballo ir detrás del dragón que acaba de levantarse de una de las sillas de la terraza; apenas le dejó disfrutar de su bocata de calamares. Bajamos de la tarima con los nervios y las emociones merodeando la plaza y me despido de todos. Ha venido la familia, ahora nos toca a nosotros comernos el bocata. Veo libros y flores por todas las partes. Y mi piel siente esa humedad mediterránea. Regreso a casa; no cerraré la ventana del dormitorio, estaré toda la noche oyendo el rumor de las olas. Seguro que me cuentan historias.

sábado, 18 de abril de 2015

La noche de los libros y de los micros


Os transcribo las Bases del concurso de microrrelatos en el que tendré la fortuna de participar como integrante  del jurado junto a compañeros de Playa de Ákaba, en un día de libros que se desarrollará en el Gran Salón de Lectura de La Noche de los Libros (Pza de Sánchez Bustillo, la del Reina Sofía) el próximo jueves 23 de abril. Si estáis o sois de Madrid, no podéis dejar de traer vuestro micro. Además habrá muchas actividades durante el día y lectura de micros. Os espero entre las siete y las ocho de la tarde con vuestro folio debajo del brazo.

Concurso de microrrelatos
«Cuéntanos tu sueño en 15 líneas»
BASES
Género: Microrrelato
Premios: 1º premio 200 euros
2º premio 100 euros
Abierto a: personas mayores de 18 años
Entrega de textos: 23 de abril de 2015, de 19.00 a 20.00 h en el Salón de Lectura al aire libre de La Noche de los Libros. A las 21.00 h del mismo día, se anunciarán los ganadores y se entregarán los premios.
Detalles de las bases
LA NOCHE DE LOS LIBROS convoca el Concurso de Microrrelatos «Cuéntanos tu sueño en 15 líneas», con arreglo a las siguientes bases:
1 - Podrán participar en este concurso personas mayores de 18 años, con obras escritas en castellano, de tema libre; un solo trabajo por autor. Se presentarán únicamente en formato papel, siguiendo las indicaciones que se detallan en las presentes bases.
2 - Las obras, originales, inéditas, incluido Internet, y no premiadas en otros certámenes, se entregarán presencialmente en el Salón de Lectura de La Noche de los Libros (c/ Sánchez Bustillo, Madrid) única y exclusivamente el día 23 de abril de 19.00 a 20.00 h.
Los trabajos presentados a este concurso deberán incluir título de la obra y los siguientes datos del autor: nombre y apellidos, DNI, teléfono de contacto y dirección email. No se aceptará ningún trabajo que no incluya estos datos.
3 - Los trabajos pueden escribirse a mano u ordenador, en ninguno de los dos casos superarán las 15 líneas.
4 - El plazo de presentación finaliza el día 23 de abril de 2015 a las 20.00 horas en el Gran Salón de Lectura de La Noche de los Libros (Plaza Sánchez Bustillo, Madrid)
El fallo se dará a conocer a las 21.00 h en la misma plaza y se entregarán los premios.
No se mantendrá
correspondencia ni comunicación con los participantes no premiados.
5 - El premio consistirá en la entrega de 200 euros para el ganador y 100 euros para el finalista.
Los ganadores leerán en el atril su microrrelato premiado.www.escrtores.org
La organización se reserva el derecho de publicar de forma online o en cualquier otro tipo de soporte los dos textos ganadores y fotografías de los ganadores recogiendo su premio.
6 - El jurado estará formado por tres personas elegidas por La Noche de los Libros. El mismo podrá resolver aquellos casos no contemplados en las presentes bases, así como las dudas que puedan surgir sobre su interpretación. Se valorará especialmente que el texto se ajuste al lema «Cuéntanos tu sueño en 15 líneas», por el que se rige este concurso.
7- Si el autor hiciese posteriores publicaciones del microrrelato ganador estará obligado a citar el premio obtenido.
8- La presentación de originales al certamen implica la total aceptación de estas bases.

jueves, 16 de abril de 2015

Un verso no lo escribe el poeta



Un verso no lo escribe el poeta

La metáfora, incapaz de comprenderse a ella misma, grita
su miedo y desamparo,
la rima llora mientras piensa que jamás encontrará su eco,
la elipsis esquiva los espejos,
el hipérbaton no da con la manera de ser libre.

No te engañes, un poema no lo escribe el poeta.

jueves, 9 de abril de 2015

Artículo abril VallecasVa: Los cínicos

Os dejo con el artículo que publico en el número de este mes de abril de VallecasVa.

Los cínicos

Los filósofos cínicos consideraban la cultura como un síntoma de corrupción y decadencia. Hoy en día el significado de cinismo ha derivado hacia  desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables. Los cínicos  (tomemos en cuenta la actual acepción) que manejan a su antojo nuestro país, han debido beber de la escuela cínica por el odio que le tienen a la cultura, a la que han intentado aniquilar a toda costa en estos tres eternos años de régimen. Curioso juego de palabras y de significados. Y por seguir jugando con las palabras, curioso también que el nombre de su partido político (Popular) signifique justo lo contrario a lo que ellos son: Perteneciente o relativo al pueblo. Me quedo con la palabra popular y la uno a cultura: Cultura popular. ¿A que ahora sí? Ahora podemos leer más relajados y sin que la sangre se nos suba a la cabeza. Esto es de lo que siempre hemos disfrutado en nuestro barrio, en Vallecas, de la cultura hecha por y para nosotros, del atrevimiento de acercar hasta el último vecino la pintura, la danza, el teatro, la poesía, la música; por medio de las asociaciones de vecinos, de agrupaciones culturales; gracias a los trabajadores de los centros culturales, de las bibliotecas públicas, de los centros educativos; sin pretender otra recompensa que el reconocimiento, y con unos presupuestos públicos que en la mayoría de los casos no existen o son exiguos. Desde mi parcela, como escritor, me conmueve ver cómo la poesía (esa moribunda siempre viva) recorre los centros culturales y los institutos y los centros de mayores de la mano de grupos como Poekas que, mientras acercan la cultura, se  llevan en su memoria caras de felicidad o descubrimiento.
Combatir el cinismo: Este año hemos vuelto a convocar desde Vallecas Todo Cultura, aprovechando la celebración de una nueva edición de Vallecas Calle del Libro (y gracias a la colaboración de Bartleby editores, Librería Muga y Poekas), el Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. Solo es necesario un ordenador y dejarse llevar, pensar una historia pequeña, mínima, de amor, social, fantástica, que contenga entre las doscientas palabras que construyen el cuento, una: barrio. ¿Por qué esta palabra? Porque desde nuestro barrio podemos plantar cara al cinismo; porque la mejor manera de luchar contra este cinismo es abrir la mente y compartir. En Vallecas somos muchos los que aportamos un granito de arena para que ese mar soñado por nosotros (que en este caso es un mar cultural) exista, sea una realidad. Que un chaval del instituto, una jubilada, una chica que se llama Alicia y está esperando su primer trabajo, un empleado que aprovecha sus horas libres para escribir o una poeta busquen esa historia que moldear en un microcuento, simboliza que se están enfrentando al cinismo, con el significado actual. Jugando…
Juegos
La primera vez sentí ansiedad. No paraba de moverse el cajón, como si quisiera abrirse. Duró cuatro o cinco minutos. La noche siguiente ocurrió lo mismo; en cuanto lo guardé. Esperé unos instantes, y lo saqué para dejarlo encima de la mesilla. Tuve que hacerle hueco entre la lamparita, el vaso de agua y los pañuelos de papel. Se tranquilizó.
En una semana no volvió a suceder nada raro. Ayer, al quitarme las gafas, noté que se ponía nervioso; pensé que igual quería que lo metiese entre las sábanas, conmigo. Me dio lástima, pero no lo creí conveniente. Hasta que nos dormimos, no dejaron de susurrarme sus tapas.
Esta noche huele a un perfume distinto, más sensual. Incluso me parece que ha dejado escapar de entre sus páginas, por un instante, el bajo de un picardías de seda de color negro.

Sigamos escribiendo, sigamos pintando, sigamos cantando o tocando un instrumento musical. Y sigamos disfrutando en las calles y en los lugares públicos de nuestro barrio de lo que otros nos ofrecen. Los filósofos cínicos no conocieron Vallecas, no hubiesen pensado lo mismo sobre la cultura de haber vivido en nuestro tiempo y en nuestro barrio.

lunes, 23 de marzo de 2015

II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro


Podéis ver las bases también en la web de Vallecas Todo Cultura

Volvemos con la segunda edición del Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. Nada más que os digo que calentéis los dedos o la pluma y que el día 1 de abril se abre el plazo. Todos los que el año pasado comenzamos con esta aventura guardamos un recuerdo imborrable por el nivel de los textos y la participación. ¡Suerte a todos! ¡Os esperamos!


BASES del II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro (edición 2015)

1.    Los microcuentos serán de tema libre con la única condición de que en ellos aparezca la palabra barrio, con una extensión máxima de 200 palabras, título incluido. Cada escritor solo podrá enviar un microcuento a la dirección de correo electrónico certamenvallecastodocultura@hotmail.com.
En el asunto debe figurar exclusivamente: II Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. En el cuerpo del mensaje solo debe escribirse si se opta a la modalidad de “residente en Comunidad de Madrid o a la de “residente en resto de España”.
Se adjuntarán dos archivos, uno de ellos nombrado con el título del microcuento participante, y que lo incluya,  y otro con dicho título y la palabra plica a continuación. En este segundo archivo se incluirán los datos personales del participante: Nombre y apellidos, teléfono móvil y dirección de correo electrónico.
Los textos serán originales, inéditos en todos los medios y/o soportes (incluido Internet). No pueden haber sido premiados en ningún certamen anteriormente.
No podrán presentarse a la edición de este año 2015 los dos ganadores de la edición 2014 del certamen.
2.    Se establecen dos modalidades: Escritores residentes en Comunidad de Madrid y Escritores residentes en resto de España. Sin límites de edad ni nacionalidad.
Los dos ganadores formarán parte del jurado en la edición del siguiente año.
3.    La convocatoria queda abierta a partir del día 1 de abril de 2015 y se cerrará el día 16 de mayo de 2015, ambos inclusive.
4.    La mecánica para la elección del ganador de la modalidad “residente en Comunidad de Madrid” será la siguiente:
El jurado elegirá entre todos los microcuentos recibidos para esta modalidad cinco finalistas que deberán estar presentes en el acto que se celebrará en la Librería Muga (Avda. de Pablo Neruda, 89), el día 28 de mayo de 2015 a las 19:00 horas. En ese acto se dará a conocer el nombre del ganador o ganadora, procediéndose  a la lectura  de todas las obras finalistas y a la entrega de premios. Si en el momento de comunicar la condición de finalista este no pudiese acudir al acto deberá nombrar a un representante o, de lo contrario, se entenderá que renuncia al premio.
Para la modalidad de “residentes en el resto de España” el jurado elegirá el  microcuento ganador, comunicándoselo posteriormente al autor o autora de la obra.
5.    Premios.
1.Modalidad de “residente en Comunidad de Madrid
Ganador: Diploma, un lote de libros y un vale de 40 euros a canjear en la librería Muga.
Segundo clasificado: Diploma y un lote de libros.
Tercero, cuarto y quinto clasificados: Diploma y 3 libros.
2.Modalidad de “residente en resto de España”
Ganador: Diploma y un lote de  libros.
6.    Jurado.
El Jurado estará constituido por: Manuel Rico en representación de Bartleby Editores, Pablo Bonet en representación de la Librería Muga, Concha Morales en representación del grupo Poekas, Cástor Bóveda y Luis Miguel Morales en representación de Vallecas Todo Cultura, y los dos ganadores de la edición anterior del certamen, Freya García y Andy Vinci.

                                                                                            Marzo, 2015





martes, 17 de marzo de 2015

Nada


Necesito sentir nada en mis pasos,
escapar del asfalto fijado a las suelas de los pies;
encontrarme una palabra caída en la acera
y caminar con ella, que me cuente
por qué fue abandonada (quién lo hizo)
o de qué boca escapó.
Necesito una brizna de viento en las mejillas
que separe luz y claridad,
que me obligue a percibir la diferencia;
que señale el resquicio de esa nube
empeñada en seguirme desde el cielo.
Necesito comprender si somos tiempo
o relojes fabricados por relojes.
Necesito correr lo más lento que soporten
mis piernas.

miércoles, 4 de marzo de 2015

"De repente" de El dedo índice de mi mano izquierda



Y, de repente, un día, encuentras la piedra que llevas en el zapato toda la vida. La localizas, justo debajo del dedo meñique que encoges para intentar que no vuelva a desaparecer. Hoy has tenido una gran idea, no te has puesto los calcetines, querías localizarla a toda costa antes de que se te escondiese en alguno de los dos zapatos, porque tú sabes que siempre está ahí, aunque no la sientas, aunque unas veces aparezca en el izquierdo y otras en el derecho. Siempre. Cuando más confiado estás, se te clava, te dice que aún continúa ahí, contigo. Hoy no te has puesto los calcetines para sorprenderla, para apresarla. Y lo has conseguido. Te sientas sobre la cama, te descalzas, colocas el pie sobre tu rodilla y la ves. Haces una pinza con dos dedos de la mano y la atrapas entre sus yemas. La miras. Una piedra. Te das cuenta de que no es tan grande como pensabas, de un color que no te paras a reconocer, cuadrada. La colocas cuidadosamente sobre la colcha y te levantas. Con un pie calzado y el otro no. La vuelves a coger y te diriges, con ese cojeo forzado, al zapatero. Sobre él, la dejas. La miras de nuevo. Crees reconocer en ella al capullo que te hacía la vida imposible de pequeño, en el colegio, a la rutina que te obliga a levantarte todos los días jurando que mañana no vas a ir a trabajar, que hoy es la última mañana que despiertas a tu sueño con esos señores que no hacen más que joderte con sus charlas en la radio, a la tos que te machaca hasta que sorbes las primeras gotas de café, al coche que te está esperando en el garaje para llevarte a ese asfalto que él necesita y que tú aborreces. Por fin. Te sientes liberado. Te quitas el otro zapato y te pones los calcetines. Te vuelves a calzar. Das dos, tres, cuatro pasos. Recorres el pasillo un par de veces. Sí. Eres libre. Hoy vas a ir caminando al trabajo, vas a llegar y le vas a decir al jefe que la piedra la has dejado en tu dormitorio, sobre el zapatero, que te prepare el finiquito, que vas a perder su “careto” de vista. No, mejor eso no se lo dices hasta que tengas el cheque en la mano. Vas a pasear todo el día por la ciudad, con el coche en el garaje, quieto, abandonado. Abres la puerta y llamas al ascensor. Sales a la calle y te parece flotar sobre la acera. Doblas la esquina y te paras un momento a contemplar la avenida. Y, de repente, el vacío, el hueco en tu zapato. La piedra. No está, la echas de menos, la necesitas. Te vuelves, corres, abres el portal de tu casa y casi atropellas al vecino del segundo sin decirle un “perdón”, subes los peldaños de dos en dos, la llave, no encuentras la llave en tu bolsillo, sí, abres la puerta, la estampas contra la pared del pasillo, te lanzas a por ella, sobre el zapatero, de una patada arrojas el zapato sobre la cama, tiras el calcetín al suelo y escondes la piedra debajo del dedo meñique, la aprietas, que no se caiga. Inhalas todo el aire que te permiten los pulmones y caes sobre la cama, boca arriba, con el techo de testigo. Exhalas. Te incorporas hasta sentarte. Recoges el calcetín y lo arrastras despacio sobre la piel, para que no se caiga la piedra. La sientes, resguardada. Te estiras hasta el zapato que está casi sobre la almohada. Te lo pones. Te levantas. La sientes. Sales de tu casa más tranquilo, cierras la puerta despacio, llamas al ascensor y marcas sobre el botón del segundo sótano, el del garaje. Te acomodas sobre el asiento y giras la llave de contacto. Mientras se abre el portón escuchas el ruido del motor. Plantas el pie sobre el pedal y la sientes. Aceleras.

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lunes, 9 de febrero de 2015

Merienda baja en calorías y alta en poesía y prosa. SOBRESALTOS. Presentación - lectura.



Concha presenta la 2ª edición de su poemario Sobresaltos y lo hace la tarde del sábado 21 de febrero en la librería Muga. Ahí estaremos y pasaremos un rato agradable con todos vosotros. Os esperamos. Allí nos vemos, amigos.

viernes, 6 de febrero de 2015

El mar (no) tras los cristales.



(...)
yo también deseaba mar tras los cristales,

olor de gaviotas,

horizonte clavado en el horizonte,
 
oleaje infinito.

(...) esperaré a que vuelva

trasformado en viento del norte.

domingo, 1 de febrero de 2015

"En defensa propia" de El dedo índice de mi mano izquierda


  
Siempre insultándome. Lo entiendo. Quizá si yo estuviese en vuestro lugar haría lo mismo, aunque ahora es tiempo de defenderme: no siempre habéis sido portadores de la razón. Sí, reconozco que, en muchas ocasiones, os lo he puesto muy sencillo. Ahí estabais frente a mí, no me dejabais otra elección, o vuestro entretenimiento o mi muerte. Y, comprendedlo, antes que nada está la vida. Yo también tengo que aguantarlos, ¿qué os pensáis? No es nada agradable sentirme reventar por culpa de sus chillidos, de sus ofensas, de sus palabras repletas de ignorancia escupidas a la cara del otro. No es fácil, no. Pero vosotros lo pedís, esperáis nerviosos la hora del comienzo, os rebullís entre las tapicerías y escucháis, y miráis, y reís, y a veces hasta lloráis con ellos. Vosotros sois los culpables, vosotros, aunque luego acalléis vuestras conciencias despreciándome.

Sí, siempre me insultáis, siempre me llamáis tonta, la caja tonta.

domingo, 25 de enero de 2015

"Aquella mujer" de El dedo índice de mi mano izquierda



Me enamoré de aquella chica, sí, fue un instante, sus ojos, la camiseta de color… No, la camiseta no pudo ser porque no me acuerdo del color... Me enamoré. Estuve a punto de seguirla, de subir tras ella las escaleras mecánicas, de preguntar si quería que llevase la maleta y pidiese el taxi… Pero no hice nada (yo no era de esos), seguí contemplando, apoyadas las manos sobre la barra metálica, a la gente que acercaba hacia mí la pasarela mecánica. No era la primera de la que me enamoraba fugazmente después de tantos años parado ahí, en el inmenso vestíbulo, con la mirada fija en ellos, en esa puerta transparente que se abría y se cerraba de continuo, que me descubría a la familia que llegaba contenta de su viaje (aunque se hubiese acabado), al ejecutivo con la corbata a medio anudar y que con una mano arrastraba el maletín y con la otra mantenía el móvil pegado a la oreja, o a la joven que había dejado sobre la arena de la playa su piel blanca. Después, los abrazos, los besos, las risas del reencuentro con los que hasta hace un momento eran compañeros de espera. Aunque… yo no esperaba, yo vivía. Sí, sus vidas, porque ninguna era mía, algo que ya no tenía la menor importancia para mí, qué más me daba no conocer a ninguno, no abrazarlos, no intercambiar ningún beso. Todas esas bienvenidas eran también mías, no me podían despojar de ellas. Tantos años. Además… ¿con quién?
De siete a nueve de la tarde. Ese era mi horario. Viernes, sábado y domingo. Los demás días de la semana no existían. Ahí estaba yo ese domingo, serían las ocho y media, ya un poco cansado y con ganas de volver a casa, de tomar fuerzas durante la semana para el siguiente viernes. Los dos chavales (parecían demasiado jóvenes),  sus tres maletas y el carro del niño (con el niño dentro). No les recibió nadie. El señor en silla de ruedas acompañado por un empleado de la empresa (o un voluntario, no sé) que le llevaba la maleta y empujaba la silla; parecía su hijo el que le recogió, a mi lado. La mujer (no sabría decir su edad; eso sí, guapa, muy guapa) que levantaba su brazo derecho y agitaba la mano y sonreía. ¿Me sonreía? Miré a mi derecha y a mi izquierda y vi que no había nadie cerca. El señor de la silla de ruedas ya se fue con su hijo… Se acercaba y seguía sonriendo (¿me?). Derecha e izquierda, detrás; nadie. Qué labios. Sus pechos se apretaron contra mí y sus manos acariciaron mi nuca: Hola, te he echado mucho de menos. Me dijo que me había echado mucho de menos. Le dije que yo también, por supuesto, y que la espera había sido eterna. Me dijo que no volvería nunca a separarse de mí y yo contesté que nunca iba a volver a ocurrir. De nuevo busqué sus labios y esta vez los recordé como si hubiese estado unido a ellos toda la vida. Aproveché para acunarme de nuevo en sus pechos. Rodé la maleta (su maleta) y nos dirigimos a la escalera mecánica con las manos apretadas la una a la otra. Entramos en el taxi y no paramos de besarnos hasta que llegamos a mi apartamento. El taxista me dio el cambio y unas palabras que me sonaron a reprobación (o quizá a envidia). Follamos, sí, follamos casi toda la noche. Me desperté antes que ella y me recreé en su espalda cercada por las sábanas. Ya entraba la luz en la alcoba. Preparé los cafés (descafeinados) y esperé en la cocina a que se levantase. Cuatro magdalenas y cuatro rebanadas de pan tostado, un bote de mermelada de naranja amarga y dos zumos de limón. Cómo te acuerdas de mi desayuno. De nuestros desayunos, contesté. Se abrochó la bata y comimos. Magdalena, beso, rebanada, beso. Con sabor a naranja amarga (dulce). Nos vestimos y salimos a pasear por las calles del barrio. Todo está igual (me dijo). Sí, todo continúa igual. ¿Quieres que nos acerquemos al parque? Ella fue la que me llevó. Todas las mañanas (hasta ese día) salía a correr por él con mis deportivas y mi camiseta y pantalón corto. Solo. Nunca paseé con ella por ese parque. ¿Y qué? Borré todo pensamiento inoportuno y hablamos; me dijo que todas las mañanas me he acordado de estos (nuestros) paseos por el parque (nuestro), ¡qué ganas tenía de volver! Le dije que yo también, que no había vuelto por el parque porque no hubiese podido hacerlo sin ella a mi lado. Nos dijimos muchas cosas, muchas, y todas muy cursis. Así debía ser. Paseamos.

Eran las siete de la tarde del domingo, tres semanas más tarde. Salió de la habitación con la maleta. Se desnudó y follamos sobre el sillón. Fue muy rápido. A las siete y media nos montamos en un taxi. A las ocho menos cuarto llegamos a la estación. Yo le dije que nunca había ido al vestíbulo de salidas, que me resultaban muy tristes las despedidas. Nos besamos y nos abrazamos (sus pechos) y la vi marchar hacia la puerta de entrada. Se perdió tras ella. Yo fui hacia el vestíbulo de llegadas y agarré con fuerza la fría barra metálica. Eran casi las ocho. Aún disponía de una hora larga. Suspiré. Y vi abrirse la puerta transparente.

miércoles, 21 de enero de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda ya en Kindel Amazon



El dedo índice de mi mano izquierda ya está disponible para descargarlo por 1 euro en su versión digital. En la tienda Kindle Amazon. ¿Qué os puedo decir más de él? Que la mayoría de sus breves historias son inéditas (algunas ya han pasado por el blog) y que esperan no dejaros indiferentes. Y que… 

El dedo índice de la mano izquierda no me hace ni caso. Lo comprobé esta mañana al levantarme. Como uno más de los días que cuesta entender que lo que acabas de vivir no era vida sino sueño, desperté con esa sensación que te obliga a hacer algo que en cinco minutos te hubieses arrepentido de haberlo realizado. Acerqué la yema del dedo a la sien, y disparé. Antes de que el proyectil llegase a su destino el dedo se arrugó, se contrajo hasta cerrarse contra la palma de la mano y me dejó una mínima señal de pólvora sobre ella. Lavé las manos con jabón un par de veces y me refresqué la cara. Ya me había arrepentido y di gracias a que mi dedo había pensado por mí. Había pensado por mí. No lo comprendí. Un dedo (sea el que sea, de las manos o de los pies) siempre hace lo que tu cerebro le ordena. Y no suele dejar rastro de pólvora. Al menos eso era lo que me había ocurrido siempre. 

Porque… 

Un dedo… cómo va a tener vida propia un dedo…

lunes, 19 de enero de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda


Mi dedo se ha hecho la cirugía estética antes de nacer... es así... imprevisible... Y también me ha dado permiso para que os escriba a continuación una de sus breves historias...

R.I.P.  

La mañana que se conocieron él se levantó junto al odio que le acompañaba en algunas ocasiones y ni la ducha lograba llevárselo por el sumidero. Ella también sintió ese odio después del café, con el último sorbo amargo. Cada uno salió de su casa como un día más, sin que el destino tuviese la obligación de unirlos, pero la persistencia de la lluvia les obligó a guarecerse en aquella cafetería. Él entró unos instantes antes, aunque pidieron a la vez: a partir de ese momento comprendieron que no estaban hechos el uno para el otro. Por eso les casó dos meses después un juez sordo y mal encarado en un juzgado con goteras y en un día sombrío de invierno. No quisieron tener hijos, pero diez años más tarde cuatro niños chillones y mal educados rodeaban la mesa del comedor. Cuando llegaron los nietos (siempre dijeron que no cuidarían a ninguno) pasaron más tiempo con ellos de lo que lo habían hecho con  sus hijos. Luego, llegó la hora de la residencia: no tuvieron otro remedio que vivir en la misma habitación, era mucho más barato. Murieron el mismo día y a la misma hora. Hoy él ocupa un nicho en el cementerio de su pueblo, en Galicia, y ella está enterrada en la sepultura familiar, en un pueblo de Almería. Por fin descansan en paz.

viernes, 16 de enero de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda



Mi dedo me ha dicho que os cuente que pronto, la semana que viene, estará en Amazon. De momento no he logrado más información (a veces se hace el interesante) pero os prometo que en cuanto sepa algo más vengo y os lo chivo...