Aquí puedes leer o bajarte La sombra de las horas

viernes, 23 de septiembre de 2016

Ciclo Hablar de libros es bueno, de la editorial Playa de Ákaba


Portada y contraportada de la revista Esencias de Ákaba. 

Ayer por la tarde, en el Espacio Leer de Madrid,


se presentó el primer número de la revista Esencias de Ákaba y el ciclo Hablar de libros es bueno, de la editorial Playa de Ákaba. En la revista, compañeros de la editorial comparten sus relatos o sus poemas con un tema como eje: A través de la ventana. No os lo perdáis.





Más tarde, nuestro compañero Eduardo S. Aznar nos habló de su novela El manipulador de sueños y la tarde, ya noche, acabó con el libro de entrevistas Hablar de libros es bueno y algunas de sus voces.

Sobre el ciclo que se abrió ayer deciros que ahí estará mi Donde todos, el día 29 de octubre, en la librería Muga.












Y antes, el 6 de octubre, andaré con mis compañeros de antología por la librería Central de Callao con Subway Hub.

Vamos, que el otoño comienza movido. Os seguiré contando. ¡Gracias, amigos!




jueves, 8 de septiembre de 2016

No siempre

La foto es de mi hermana Concha. Así es muy fácil esperar a que llegue la inspiración... Gracias a ella y a VallecasVa por dejarme entrar en su rincón este mes.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Donde todos



De nuevo por aquí. Y para contaros que mi novela Donde todos la publica Playa de Ákaba y os la presentaremos el 29 de octubre próximo en la librería Muga. Pues qué más le puedo pedir a la vuelta de vacaciones... Ya os iré contando más cosas y más presentaciones de la Generación Subway. Otoño calentito, y no solo por las temperaturas. Os dejo con el inicio de Donde todos.


La puerta de la furgoneta no se dejaba abrir a la primera. Necesitó un par de intentos.

—Está algo descolgada; debo ir al taller esta tarde. Sin falta.

El furgón rojo y la furgoneta blanca. Doce años aguantó el primero. Y la segunda le tenía que durar, como mínimo, otros cuatro años más. Soltó la cartera sobre el asiento del copiloto y miró en el interior de la guantera. No buscaba nada. Siempre que entraba en el coche lo hacía así. Se acomodó y giró la llave de contacto. Escuchó el ruido del motor y el paisaje comenzó a sucederse, un día más, por encima del salpicadero. La casa de los ladrillos rojos. El hotel en medio de la nada. Las encinas.

—Debo ir al taller esta tarde —volvió a repetir la frase al poco de iniciar el trayecto; en voz alta—. Quizá me estoy haciendo viejo; pensar lo mismo más de una vez, tan seguido, de idéntica manera, como si no hubiesen existido antes esas palabras colocadas así, es síntoma de hacerse mayor.

Al momento, los recuerdos parecieron querer regresar a la vida que un día tuvieron. Y, a continuación, como si hubiesen estado ahí, agazapadas, esperando a que su memoria les diese el pistoletazo de salida, las historias.

viernes, 22 de julio de 2016

La librería más bonita del mundo



Os dejo con mi aportación a La librería más bonita del mundo, una antología de relatos breves que acaba de publicar Playa de Ákaba para rendir homenaje a las librerías, imprescindibles para nosotros los escritores y para nosotros los lectores. Un relato que es mi particular tributo a los libreros de la librería Muga, la librería de mi barrio, y mucho más…


Nada es extraño

No es nada extraño que la gente se plante delante del cristal y lo mire de un extremo al otro. Que se detenga en las últimas novedades y, después de un rato más o menos largo, se acerque a contemplar con detenimiento los libros que presiden el escaparate, los que se colocan bajo el cartel de los más vendidos. No es nada extraño, por supuesto, lo raro e indeseable sería  que nadie se fijase en esos metros cuadrados que separan la acera del mostrador tras el que me encuentro ahora. Por qué me llamaría tanto la atención aquel individuo. Un jersey de lo menos llamativo, unos pantalones vaqueros y, agarrado por su mano derecha, el mango de un paraguas que a veces, a la edad que presentía en ese hombre, se usa más como bastón que como resguardo de una posible lluvia. Una lluvia que, recuerdo, llegó esa primera vez que me fijé en él. Llegó y se lo llevó sin que hiciera ademán de traspasar la puerta para seguir investigando entre los libros que albergaban mis estanterías. Abrió el paraguas y desapareció calle arriba.

Un par de días después apareció de nuevo. No sé el tiempo que llevaba allí. La mujer que me compró el libro insistió ante mi negativa, ante mi obcecación. Perdóneme pero es que no me queda ninguno, y casi le podría asegurar que nunca he tenido uno con ese título, ni siquiera me aparece en el ordenador. Y es que no me suenan nada ni el título, ni el autor, ni la editorial. Si quiere hablo con algunos distribuidores y si lo encuentro se lo pido, y en una semana como máximo lo tendrá aquí, no se preocupe. Pero es que lo he visto ahí fuera, ahí, mire, justo donde mira el señor que está parado frente a la cristalera. El mismo jersey, el mismo pantalón y el mismo paraguas. Hacía sol, ni una nube que lo escondiese o dejase adivinar la eventualidad de algún cercano aguacero. Aturdido, me acerqué a la vitrina y cogí el volumen. Cómo era posible. Veinte años de negocio, no era lógico que esto me sucediese a mí, siempre comprobaba que de los libros que exponía a los paseantes quedase al menos uno en el almacén o dentro del local. Choqué con sus ojos, una mirada quizá ausente que se convirtió, en apenas un segundo, en afecto. Eso vi. Una historia. Así se titulaba. De Pedro Arnau. Me di la vuelta rápido, no me gusta hacer esperar a los clientes y menos cuando uno ha cometido una falta. Me disculpé una y otra vez ante la clienta. Se marchó. La editorial, no recordaba la editorial. Lluvia, sí, Lluvia. El hombre. Busqué su figura tras los libros. No la encontré. Me acerqué rápido a la puerta, la abrí, di dos pasos y pisé la acera, miré a un lado y a otro de la calle. Ni rastro de él. Volví tras el mostrador y tecleé: Lluvia. Sí, ahí estaba la editorial, pero ni ese título ni ese autor aparecían en su catálogo. Una historia. Nada. De nuevo lo tecleé. Nada. Tecleé Pedro Arnau. Nada. De nuevo lo tecleé. Nada.
Siete días no hicieron posible que me olvidase de aquello. Llamé a todas las distribuidoras, hablé con la editorial, con otros editores, con autores, con otros colegas. Nadie conocía el libro. Ni conocía al autor. Si al menos la mujer que me lo compró hubiese sido una clienta habitual. Debió de ser la primera vez que entraba. La primera y la última. Cada vez es menos frecuente que gente desconocida pase a comprar en una pequeña librería de barrio, una pequeña librería escondida en una calle escondida. Demasiada casualidad, un libro que no existe, un hombre que solo ha existido en un par de ocasiones al otro lado del cristal y una clienta que es posible tampoco existiese. Demasiada casualidad.

Hace unos diez minutos que apareció por la puerta. El paraguas, el pantalón y el jersey. Inmaculados. Apenas si me miró, de reojo; creí oír un buenos días que luchaba por traspasar sus labios, se encaminó hacia las estanterías del final, las que son antesala de un pequeño cuarto en el que a veces los clientes se detienen a leer un libro de los muchos que existen aquí. Allí tengo una silla, cómoda, con dos brazos, y una pequeña mesita redonda sobre la que siempre hay un bolígrafo, un lápiz y unas cuartillas en blanco. Y una lamparita que descubrí un día en la tienda de antigüedades de la esquina. Se sentó. Lo vi desde mi lugar, aún inmóvil, incrédulo. A mis clientes les encanta ese lugar. Y a mí. Desde aquí siempre veo a alguno sentado, ojeando algún libro que acaba de alcanzar de alguna estantería. A veces los compran, a veces no. En otras ocasiones apuntan algo sobre una de las cuartillas y la guardan en sus bolsillos. Él no se había acercado a las estanterías y, sin embargo, observé cómo leía un libro. Pasaba sus hojas. Despacio. Y acomodó un bolígrafo entre los dedos. Escribió algo en las primeras páginas del libro.

Diez minutos. Ni un cliente entra o sale. Aún no me he movido de aquí. No sé. No puedo. Ahí sigue. Ahora, cierra las tapas. Se levanta. Pasa de nuevo frente a mí. Buenos días. Sí, creo que lo he oído. Un susurro. Quizá un leve gesto, una sonrisa. Me he fijado, los zapatos brillan; negros, con cordones. La puerta se cierra. Ha recorrido todo el escaparate, he visto su semblante, distraído, por encima de los libros, he visto su jersey escaparse por la línea horizontal del cristal. Debo ir hacia allí. Debo levantarme e ir hacia la mesa.

Pablo se dirigió a la mesa. Notó la tibieza del asiento. El libro parecía nuevo. Una historia. Autor, Pedro Arnau. Editorial, Lluvia. No entendía nada. Le dio miedo abrir sus tapas. Pero tenía que hacerlo, estaba seguro de que encontraría alguna pista. La hoja vacía de todos los libros. La siguiente, Pedro Arnau, Una historia. El reverso, Primera edición, fechada en el mes y el año actuales. Qué extraño todo. En la siguiente página de nuevo el título. Y, debajo, una dedicatoria, A mi librero. No entendía nada. A continuación, unas líneas escritas a mano: Aún recuerdo tu expresión cuando entró mi primera lectora a la librería y encontraste el libro en el escaparate, ese libro que ni  tú ni nadie conocíais. Ahí estaba, en primera línea, colocado entre las últimas novedades. Presidía el selecto grupo de libros más vendidos. La tuya sería la librería donde me daría a conocer, lo tuve muy claro desde  la primera vez que la vi, que os vi. Por eso nació ahí. Nada de grandes almacenes.  Pablo se levantó y, aún sin saber muy bien lo que ocurría, se volvió a su lugar, tras el mostrador. Abrió de nuevo el libro y comenzó a leer el primer capítulo: Se calza los zapatos, se recrea en su brillo antes de ajustar los cordones con una lazada simple. Hace un repaso frente al espejo. Los pantalones vaqueros y el jersey. Antes de abrir la puerta alcanza el paraguas, siempre le ha gustado colgar su redondeado mango en la percha del recibidor. El ascensor. Un viaje metálico que le acerca a la calle. Llueve.



jueves, 14 de julio de 2016

a las seis de la mañana


Las ventanas tienen ojos
que miran la ciudad
a las seis de la mañana
y preguntan por qué
han soñado tantos sueños,
observan el paso raudo de las sombras
y se detienen,
con precisión de cirujanos,
en cada huella dejada.

Ojos que olvidan
si un día tuvieron unos brazos
y unas piernas,
si un día latió un corazón
en sus pupilas,
si cruzaron miradas con otros ojos
de otras ventanas,
que están atentos a cada línea
de unión de las losetas,
que escudriñan los arbustos
ocultadores de árboles en sus entrañas,
que temen la llamada del sol
y odian esa luna
que jamás reparó en ellos.

Son ventanas, solo ventanas,
ignorantes de la soledad del salón
que respira con ellas,
la tristeza del cajón entreabierto
de la mesilla de noche,
la desesperación del cuadro del pasillo
que envidia la luz verdadera. 

Sí, las ventanas tienen ojos
que vigilan la ciudad
a las seis de la mañana.

viernes, 8 de julio de 2016

Caminar




Caminamos tantas veces sobre el filo de una hora,

esperamos tantas veces

a que cualquier reloj dé las cuatro de la tarde.

Renunciamos tantas veces al vuelo de una hoja.





martes, 5 de julio de 2016

Microrrelatos ganadores y finalistas del III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro




Os debía los microrrelatos finalistas y ganadores de la edición de este año de nuestro certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. Un poco más tarde que otros años, pero todo llega. Y por supuesto que la espera ha merecido la pena. Disfrutadlos.



Ganador de Madrid

Un hombre de provecho
Raúl Clavero Blázquez

Una mañana un niño se me instaló en la cabeza. Pensé que si no le hacía caso acabaría por marcharse así que no le dije nada, pero el niño se quedó allí, sonriendo, guiando mis pasos hacia los charcos, obligándome a parar en cada puesto de golosinas del barrio, haciendo que me preguntara el porqué de las cosas. 

La vida se me complicó. En mi familia no dudaron en tacharme de inmaduro y en el trabajo comenzaron a mirar con recelo cualquiera de mis sugerencias a las órdenes del jefe, de modo que no tuve más remedio que deshacerme del niño que vivía en mí. 

Ahora su lugar lo ocupa un funcionario que fiscaliza todos mis movimientos. Ya no hago preguntas ni sugerencias, ya no persigo con la mirada el vuelo dudoso de los aviones de papel y aunque, a veces, al pasar cerca de un charco siento que la excitación se me acumula en las rodillas, sé que no debo saltar, y me contengo, y camino deprisa hasta llegar a mi casa, y entonces hundo la cabeza en la almohada, y lloro quedamente o ahogo un grito, como han hecho siempre los hombres de provecho.


2º Clasificado
Borrón y cuenta nueva
Julia San Miguel Martos

Aquella mañana lo primero que vi nada más coger el coche y doblar la esquina fue el cuerpo de un gato muerto en medio de la calle. Con las tripas al aire como si fueran un ramo de flores rojas velando su propio entierro. No muy lejos parpadeaba el semáforo y se abría la desdentada boca del túnel que te alejaba del barrio, atragantada de coches, como siempre. Cuando llegué a la empresa, rayando el límite de la puntualidad, me dispuse a cumplir mi jornada de trabajo, con un rápido café, sin levantar los ojos de cada folio repleto de erratas, de contenido aburridísimo, que yo disfrutaba como el mejor pasatiempo. Los fallos saltaban a mis ojos como ranas inquietas. Corrigiendo, me olvidaba de mí mismo y de mis miserias. Mi divorcio, la ausencia de mis hijos, las malas cuentas a fin de mes… Por eso, cuando mi jefe me llamó a su despacho, y me insistió, por enésima vez aquel día, que me diera prisa y me dejara de zarandajas de medios cuadratines a final de línea, resoplé y, con el típex en la mano, le borré con saña esa sonrisa estúpida de su cara.  




Finalistas

Aviones
Antonio Pérez Rodríguez
No fui a despedirla al aeropuerto. La despedida es una pócima amarga que atraviesa un erizo de sal en la garganta y deja el corazón como un viejo periódico arrugado. Además, aborrezco los aeropuertos, me recuerdan a los hospitales: los que llegan sólo piensan en marcharse, y algunos se marchan para siempre dejando la cicatriz abrasadora de su ausencia.

“Regresaré pronto, cuando los relojes vuelvan a dar la hora correcta”, dijo para apaciguar la lluvia torrencial de mi desconsuelo, pero yo ya habitaba páramos desolados, caminaba con andares de viudo perpetuo.

No hubo reproches. Hacía años que la vida aquí tenía el color de un felpudo mugriento; siniestros personajes habían acribillado al futuro y lo habían arrojado a una cuneta, exánime.

A la hora en que ella partía, subí hasta el cerro; me acompañaba, fiel, el perro sarnoso de mi dolor. Desde la cumbre, la ciudad parece un cementerio erigido para soliviantar la angustia de los poetas. Estuve mirando la trayectoria blanca y definitiva de los aviones que pasaban hasta que, por el oeste, el cielo se puso tinto como si se desangrara por una herida mortal. Luego, deambulando por las callejuelas del barrio, regresé a casa.



Hacia mí
Rodrigo Santodomingo Costa

Pensé que matando a su círculo íntimo lograría atraerla de nuevo hacia mí. Abrumada por la tristeza, temerosa de la soledad, acudiría como un imán hacia los rescoldos de su pasado. Y en ellos, a pesar de todo, yo ocuparía un lugar especial; sería un palo firme al que aferrarse en tiempos de inmensa desdicha. 

Así que tracé un plan de tintes casi genocidas, admito, e hilvanado con los lazos de la casualidad. Debía eliminarlos a todos: familia directa, amigos íntimos del barrio, del trabajo, Lucía la de la universidad. La lista incluía 13 nombres. Piezas que fueron cayendo una a una; muertes inesperadas pero de apariencia siempre accidental. Lejos de considerarme culpable, la policía me incluyó en su esquema como víctima potencial ante esta inexplicable concatenación de destinos fatales.

Vino, en efecto, hacia mí. Ahora es ella la que muere de pena. Se consume en días inertes sin que nada pueda hacer yo. Intento animarla, dibujar un futuro de esperanza que cierre su permanente desgarro. Pero ella me mira con ojos que parecen no ver y calla, siempre calla. Quizá debería ahorrarle el sufrimiento, pero no quiero despertar sospechas.  


Cualquier día
Koldo Concejo Fernández

Podría quedarme en la cama, masturbarme, planchar. Pero siempre salgo de casa.

Podría ir a mil sitios, pero siempre voy a la estación. Me cruzo con el barrendero de siempre. Toda la vida en la misma calle. 

Tengo dos opciones. Acercarme al centro. Alejarme del barrio. Elijo lo de siempre. La que me llevará al centro.

En el andén, me sitúo al lado de esa chica con la que me encuentro todas las mañanas y con la que jamás he cruzado una palabra. 

En el recorrido hay veinte estaciones. Podría bajarme en cualquiera. Pero siempre bajo en la misma. 

Solo hay una salida. Salgo a la misma calle de siempre. 

Las posibilidades se abren. Podría ir por varios caminos, seguir a ese hombre que siempre lleva “El País” debajo del brazo, a la mujer que trabaja en la tienda de la esquina, a un desconocido cualquiera. Pero siempre voy por la misma calle, por la misma acera, cruzo en el mismo paso de cebra.

Mis opciones se reducen. Solo podría darme la vuelta porque ya estoy frente a esa puerta que tan bien conozco.

Llamo. 

Me abren.

Entro. 

Enciendo el ordenador.

Quizá mañana cambie de vida.




Ganador de resto de España


Burros de algodón y príncipes errantes
Miguel Ángel Gayo Sánchez

Trabajar en una librería de barrio tiene la ventaja de conocer bien a tus clientes. Pero a veces, a pesar de ser un barrio de la periferia, se cuela gente de lo más peculiar.

–Se me perdió un burro. ¿Lo vio usted? –me preguntó un tipo enjuto con perilla.

–¿Burro? ¿Cómo es su burro? –dije por llevarle la corriente.

–Mi burro es tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no tiene huesos…

–¡No! –le interrumpí–. Nunca vi un burro así.

El individuo se marchó melancólico.

Al poco entró otro caballero. Llevaba gafas de aviador:

–Busco un niño. Viaja solo…

–¿Un niño?…

–Sí, viste como un príncipe. Habla de una rosa que dejó en su planeta…

–No –interrumpí–. ¡Jamás vi un niño así!

Del almacén llegó un jolgorio impropio para una librería.

–Obras –me justifiqué.

Cuando el hombre se marchó abrí la puerta del almacén.

–¡Debéis tener cuidado!

El niño se bajó de los lomos del burro.

–Vuestros creadores os buscan. ¡Y cada vez se acercan más! Bien saben que aquí, en la periferia, nos gusta soñar con burros de algodón y príncipes errantes.



martes, 24 de mayo de 2016

Fallo III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro


Ya tenemos a los finalistas por Madrid y al ganador por el Resto de España del III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. Casi doscientos microrrelatos, de una gran calidad, nos han llevado al resultado que os indico al final de estas líneas.Y este jueves a las 19:00 horas os invito a que acudáis a la entrega de premios en la librería Muga. Como los años anteriores, en ese acto se conocerá el ganador de Madrid y la clasificación definitiva de los demás finalistas. El escritor, poeta y jurado de este certamen, Manuel Rico, nos leerá unos poemas y los autores de los microrrelatos finalistas recibirán los premios y también nos leerán sus obras. Una tarde más de literatura y de amistad en Muga. Yo no me lo perdería...

Fallo del III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro

Ganador de resto de España
Burros de algodón y príncipes errantes de Miguel Ángel Gayo Sánchez




Finalistas de Madrid (por orden alfabético de título)

Aviones de Antonio Pérez Rodríguez

Borrón y cuenta nueva de Julia San Miguel Martos

Cualquier día de Koldo Concejo Fernández

Hacia mí de Rodrigo Santodomingo Costa

Un hombre de provecho de Raúl Clavero Blázquez








martes, 17 de mayo de 2016

Apenas lucidez en la flm16


A mis palabras les gusta subir las escaleras conmigo
hasta llegar a la terraza del ático.
Como a
sol o
a luna o
a mar o
a tejado.


Y mis palabras volverán a sentarse tras el mostrador de la Feria del Libro de Madrid. Allí estaremos, ellas y yo, por si te apetece acercarte. El sábado, 28 de mayo, entre las siete y las ocho de la tarde, firmaré ejemplares de Apenas lucidez. En un día, en un fin de semana, en el que mi lugar de residencia será el Paseo de Coches del Parque del Retiro de Madrid y su flmI6. Como ya os dije en la anterior entrada, será un fin de semana Subway. Apetecía regresar.






domingo, 8 de mayo de 2016

La Generación Subway en la Feria del Libro de Madrid


Ya os voy dejando las fechas en las que la Generación Subway invadirá, con un bolígrafo como arma, la Feria del Libro de Madrid de este año, el primer fin de semana, del viernes 27 al domingo 29, en la caseta nº 13. Por allí estaré junto a mis compañeros de antologías. Como os cuento en la foto de aquí arriba, el 30% de las ventas irán a parar a la Asociación Española de Ela. Otro aliciente para acercaros a por alguno de sus volúmenes.



Participo en los dos libros del volumen III (poesía y relato breve) y en el único libro del volumen IV (aúna poesía y relato breve). El primero dedicado a Cervantes y a Shakespeare, y el segundo a Edgar A. Poe. Si queréis saber algo más de la Generación Subway, no tenéis más que pasaros por la web de la editorial Playa de Ákaba.


domingo, 1 de mayo de 2016

Microcrónica de una tarde de Jam en Muga



La palabra micro nos habla de algo muy pequeño. Además, también da nombre al aparato que transforma las ondas sonoras en corrientes eléctricas para su amplificación. La tarde del 20 de abril, en la librería Muga, se entrelazaron estos dos significados y disfrutamos de microrrelatos y poesía  (literatura muy pequeña en cuanto a extensión, aunque infinita…) mientras se transformaban las ondas sonoras, no en corrientes eléctricas, no, en corrientes emocionales. La calidad de los microrrelatos ganadores y finalistas de las dos primeras ediciones del Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro, leídos en gran parte por sus creadores, hizo posible este fenómeno. Acompañados por la voz y la presencia de la escritora, y editora de Playa de Ákaba, Noemí Trujillo, leímos y escuchamos y, en la última media hora, estuvimos muy atentos a los microrrelatos y poesías que nos leyeron un apreciable número de los asistentes al evento. Una vez más la librería Muga se convirtió en nuestro microhábitat cultural necesario. 

jueves, 21 de abril de 2016

Generación Subway en Getafe

SI TE GUSTA LEER TIENES QUE VENIR A ESTE ENCUENTRO.
Escritores de toda España nos acompañarán el 23 de abril, el día del libro, a partir de las 12 de la mañana, para homenajear a Shakespeare y a Cervantes con sus textos.
Acto apto para todas las edades.
Entrada Libre y Gratuita

con LORENZO SILVA, NOEMÍ TRUJILLO, MARTA ABADÍA, CARMEN ARCHE, ISABEL DIONIS, IVÁN BAEZA, MARGA CANCELA, ÁNGEL LARA, LUIS MIGUEL MORALES, ISABEL DEL RÍO, MARÍA DOLORES RUBIO DE MEDINA, JUAN MANUEL SÁNCHEZ MORENO, DANIEL SARASOLA, ELENA GONZÁLEZ, SERGIO PARDO, DAVID DE LA TORRE, CONCHA MORALES, JUAN SORIA, LUISA GIL, MANUEL DE MÁGINA, JAVIER RODRÍGUEZ ALCAYNA, CARMEN GARCÍA NAVARRO, PAZ MARTÍN POZUELO, ANDRÉS J MORENO, PEDRO S JACOMET, EDUARDO S AZNAR, SANDRA OVIES, TERESA OTEO, FRANCISCO LÓPEZ, INÉS LÓPEZ, ENRIQUE E DE NICOLÁS, ALBERTO PÉREZ CASTELLANO

lunes, 14 de marzo de 2016

Apenas lucidez se presenta en El Atelier Café de la Llana entre lunas, barcos y aviones



Lunas, barcos y aviones escribieron la tarde de un 11 de marzo en Madrid, en el Atelier Café de la Llana, y la versificaron para que ese recuerdo tan negro que ese mismo día de hace unos años se apoderó de nuestra ciudad, de nuestros barrios, recibiese la compañía de otro recuerdo, de un recuerdo que, en mi caso, y aún siendo tan perezosa mi memoria, ha dejado una luz que perdurará siempre.

Noemí Trujillo, editora de Playa de Ákaba, comenzó la presentación de Apenas lucidez con, entre otras, estas palabras de su prólogo, prólogo que abre el poemario, …ya desde el oxímoron de su título este poemario se define como un claroscuro, un contraste de luces y sombras…, y así recorrimos ese paseo de sesenta minutos de poesía, algo de prosa y amistad. La mejor imagen de la tarde encabeza esta entrada; he querido dar ese lugar preeminente a los protagonistas de la velada, a vosotros, a vuestro impagable cariño. A las flores que colmaron el Atelier,
Búscame en un campo sembrado
de letras.
Búscame entre sus flores.

En este campo de miles de milímetros cuadrados aparecieron por sorpresa los Julios,algo dolidos conmigo por pensar que les había olvidado. Solo espero que les quedase claro que eso nunca ocurrirá, que su presencia (lamento que crean que son un personaje que pasea por mi blog, cuando yo sé que no son un personaje, que son una persona…) siempre estará a mi lado.

Me ayudaron a que descansase mi garganta, ante la posibilidad de que se quebrase, mi tropa familiar siempre dispuesta a encontrar un hueco a mi lado. Y amigos poetas también pusieron su granito de arena.



Y navegaron barcos, volaron aviones y las lunas dieron vueltas y vueltas por sus órbitas alrededor nuestro, sin parar. Es posible que una de ellas me atrapase en alguno de sus cráteres y aún esté yo girando en torno a la tierra, o si no a qué se debe este estado de ingravidez en el que me encuentro…






Me lo volvió a repetir Julio, ...cada día que pasa estoy más tiempo al otro lado de los espejos. Aquí se está muy a gusto…, y, añadiría yo, desde el reflejo se comprende mucho mejor la vida. Esta vida que nos devolvió de la penumbra de la felicidad de una tarde de poesía y de amigos, a la penumbra de la soledad compartida por las velas que iluminaban recuerdos a las doce de la noche en el pasadizo de la estación de Cercanías de El Pozo. La vida y la poesía continúan.

martes, 1 de marzo de 2016

BASES del III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro (edición 2016)

Ya nos podéis enviar los microrrelatos para participar en la tercera edición del Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. Un año más en sus dos modalidades: Residentes en la Comunidad de Madrid y Residentes en el resto de España. Afilad las plumas, o las teclas, y a participar. En esta edición se nos han unido dos nuevos patrocinadores, Vallecas Va y Cruz Blanca Vallecas y como novedad para los finalistas y ganadores la oportunidad de disfrutar, previo al acto de entrega de premios, de un "cocido literario" gracias a nuestro nuevo patrocinador, Cruz Blanca de Vallecas. Un cocido premiado y un premio para los que lleguéis hasta el final. Estamos preparados para disfrutar de vuestras historias.

A continuación os copio las bases, que también podréis encontrar en la web de Vallecas Todo Cultura


BASES del III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro (edición 2016)

1.    Los microrrelatos serán de tema libre, con la única condición de que en ellos aparezca la palabra barrio, y con una extensión máxima de 200 palabras, título incluido. Cada escritor solo podrá enviar un microrrelato a la dirección de correo electrónico certamenvallecastodocultura@hotmail.com.
En el asunto debe figurar exclusivamente: III Certamen de microcuentos Vallecas Calle del Libro. En el cuerpo del mensaje solo debe escribirse si se opta a la modalidad de “Residente en Comunidad de Madrid” o a la de “Residente en resto de España”.
Se adjuntarán dos archivos, uno de ellos nombrado con el título del microrrelato participante, y que lo incluya,  y otro nombrado con dicho título y la palabra plica a continuación. En este segundo archivo se incluirán los datos personales del participante: Nombre y apellidos, teléfono móvil y dirección de correo electrónico.
Los textos serán originales, inéditos en todos los medios y/o soportes (incluido Internet). No pueden haber sido premiados en ningún certamen anteriormente.
No podrán presentarse a la edición de este año 2016 los dos ganadores de la edición 2015 del certamen.

2.    Se establecen dos modalidades: Residentes en Comunidad de Madrid y Residentes en resto de España. Sin límites de edad ni nacionalidad.
Los dos ganadores formarán parte del jurado en la edición del siguiente año.

3.    La convocatoria queda abierta a partir del día 1 de marzo de 2016 y se cerrará el día 15 de mayo de 2016, ambos inclusive.

4.    La mecánica para la elección del ganador de la modalidad “Residente en Comunidad de Madrid” será la siguiente:
El jurado elegirá entre todos los microrrelatos recibidos para esta modalidad cinco finalistas que deberán estar presentes en el acto que se celebrará en la Librería Muga (avda. de Pablo Neruda, 89), el día 26 de mayo de 2016 a las 19:00 horas. En ese acto se dará a conocer el nombre del ganador o ganadora, procediéndose  a la lectura  de todas las obras finalistas y a la entrega de premios. Si en el momento de comunicar la condición de finalista, este no pudiese acudir al acto, deberá nombrar a un representante o, de lo contrario, se entenderá que renuncia al premio. En esta misma fecha, con anterioridad a este acto, y por cortesía del chef  Antonio Cosmen, nos reuniremos junto a los finalistas del certamen alrededor de su famoso Cocido Madrileño, avalado por la más alta puntuación otorgada por el prestigioso “Club de Amigos del Cocido”, en la “Cervecería Cruz Blanca Vallecas”, calle Carlos Martín Álvarez, 58. Esta comida literaria comenzará a las 15:00 horas.
5.    La mecánica para la elección del ganador de la modalidad “Residente en el resto de España” será la siguiente:
El jurado elegirá el  microrrelato ganador, comunicándoselo posteriormente al autor o autora de la obra.

6.    Premios.
Modalidad “Residente en Comunidad de Madrid”
Ganador: Diploma, un lote de libros y un vale de 50 euros a canjear en la librería Muga.
Segundo clasificado: Diploma y un lote de libros.
Tercero, cuarto y quinto clasificados: Diploma y 3 libros.

Modalidad “Residente en resto de España”
Ganador: Diploma y un lote de  libros.

7.    Jurado.
El Jurado estará constituido por: Manuel Rico en representación de Bartleby Editores, Pablo Bonet en representación de la Librería Muga, Concha Morales en representación del grupo literario Poekas, Cástor Bóveda y Luis Miguel Morales en representación de Vallecas Todo Cultura, Roberto Blanco en representación del periódico Vallecas VA y los dos ganadores de la edición anterior del certamen, Fernando González del Hierro Cilla y Sandra Monteverde Ghuisolfi.


8. La participación implica la aceptación plena de las presentes bases.