sábado, 1 de agosto de 2015

Sin piel



Encuentras ese día que has buscado toda la vida
y es ahora que ya no estás desnudo, que tu piel
se ha guardado tras capas y capas de promesas,
de disculpas, de momentos inciertos.

Refugias ese último aliento entre gotas de café y rebanadas
de pan tierno, sobrepones el sol a tu plomizo yo, casi inerte,
y comienzas la frenética carrera de tus dedos que se lanzan
en pos de lo que nunca quisiste fijar a tu cuerpo.

No es tarde, lo sientes, te dices de nuevo lo que un día
soñaste mientras las frías losetas de la cocina parecen
reírse de ti. Se mofan con cada jirón de vida que
desgajas sobre ellas. Después, parecen pensar,
darse cuenta de su error,
y sotierran en cemento aquel lastre
que ocultaba sus juntas. Se alían contigo.

Abrazas las horas que ya no son últimas
y vives la historia que creíste olvidada
entre los manuscritos abandonados de la estantería.

Recuerdas que a ti nunca te gustaron los finales cerrados.

sábado, 25 de julio de 2015

Morib(m)undo


La NASA ha logrado la fotografía perfecta. Nítido. Ni siquiera una grieta que asuste. Ese azul. Quizá sea la lucidez que se pasea ante el moribundo. 

lunes, 13 de julio de 2015

¿Y el lunes?


Generación Subway de Playa de Ákaba

Este lunes os hablo de la Generación Subway, que nació el año pasado de la mano de la editorial Playa de Ákaba y en la que este año tendré la oportunidad de participar en el segundo volumen editado, tanto en poesía como en relato breve. Os dejo el enlace a la web de la editorial en la que podréis saber algo más del ideario Subway, y también comparto con vosotros la emoción de alguien que espera la llegada del mes de octubre para que un nuevo tren parta de la estación. Acompañado de grandes escritores y amigos. Y entre ellos una poeta y escritora muy especial: Concha Morales. 


...No vieron nada, era imposible en aquel espacio ocupado por un solo color, el negro. Otra vez el túnel como si atravesase la ciudad por las interminables avenidas ocultas de su metropolitano. Se tendió sobre la cama. Acarició el anillo. Solo el roce de las yemas de sus dedos. Escozor. Combustión. Inicio. Una puerta lejana se abría... (De Ada, mi aportación al volumen de relato breve)

lunes, 6 de julio de 2015

¿Y el lunes?




Hay días que te esperan agazapados tras la puerta del último sueño y que la única misión que deben cumplir es burlarse de ti. Están programados para romper en añicos contra el suelo el vaso con el que acabas de enjuagarte los dientes, para quemarte la punta de la lengua con la leche que calentaste en exceso en el microondas, para hacer desaparecer la corbata que hoy tenías que ponerte, la que te regaló la madre de Elisa. Sí, hoy que vas a comer con ellas para intentar unir lo que ya es imposible aunque vuelvas a desenroscar el tapón del tubo de pegamento con rutinaria ilusión. Porque la madre de Elisa hace mucho tiempo que juega en el equipo contrario, quizá desde que te regaló esa corbata de color amarillo con dibujos que aún no sabes qué significan y recibió tu reproche en forma de beso. El día ha decidido por ti, lo piensas, sabe que no quieres vivir con Elisa, lo sabe. Tú ya no crees que se burle de ti. Le sientes tu aliado. ¡Para qué vas a ir a esa comida! No te importa que por fin aparezca la corbata debajo de los calcetines de deportes del tercer cajón del armario. Fue él, jamás la habrías metido ahí. Él te dice que aunque te hubiese gustado esa corbata y la madre de Elisa y tú os cayeseis muy bien no es tu chica, no es la que quieres para compartir el cojín que usas para dormitar después de comer mientras oyes a los vecinos hablar en la pared de detrás del televisor. No. Das las gracias a la madre de Elisa por odiarte, por regalarte esas corbatas, por no permitir que Elisa y tú viváis juntos, porque Elisa no hace nada que la madre de Elisa no quiera que haga. Le das las gracias a él también por abrirte los ojos, por estar día tras día agazapado, hasta hoy, hasta que hoy te lo ha dicho a la cara, ha roto el vaso, ha quemado la punta de tu lengua. Te colocas la corbata y vas hacia el teléfono. Marcas sus números. Contesta Elisa. Y se lo dices, le dices que encontraste la corbata, que sigues sin saber, y no te importa, qué demonios son esos dibujos, le dices que no vas a comer con ellas, le dices que el día no se burlaba de ti. Y cuelgas. Y te vuelves a la cama. Y ves que el día se acuesta junto a ti. Os dormís.

lunes, 29 de junio de 2015

¿Y el lunes?


Pensar


Este fin de semana lo he dedicado por completo a hablarme por teléfono; móvil, por supuesto, para eso tengo la tarifa plana. El sábado me despertó (el móvil), serían las cinco de la mañana cuando comenzó a sonar y me levanté de la cama de un brinco, sobresaltado. Os podréis imaginar que las primeras palabras que me dediqué no fueron muy afectuosas. Estuve a punto de colgarme. ¡A quién se le ocurre llamarse a esas horas! Más tarde parece que me fui calmando y logré soportar una conversación extraña e inoportuna. Me estuve contando cosas que quizá por lo temprano de la hora me resultaron novedosas y eso hizo que fuese tomando confianza conmigo mismo. A las doce de la mañana apenas si guardaba un poso de rencor por el madrugón, es más, es posible que estuviese más despierto que otros sábados a esa hora. Continué hablándome y contestándome, en ocasiones hasta atropellaba a mis propias palabras. No podría concretar de cuántos temas discutimos (no pocas veces acaloradamente) pero tengo la sensación de que me ha servido para conocerme mucho mejor. A veces uno no sabe cómo acierta en las decisiones que toma pero es evidente que ocurre, y en esta ocasión tengo muy claro que atiné de pleno. De no ser porque la batería se me agotó hace unos diez minutos, aún seguiría hablándome sin importarme que a estas horas ya debiera estar vistiéndome para ir al trabajo. Es lunes y son las siete de la mañana. Justo antes de morir el móvil he podido comprobar que tenía unas veinte llamadas perdidas, unas cuarenta notificaciones del “face” y unos cien “whatsapps” pendientes. Creo que ya sé lo que voy a hacer con él (el móvil). Lo voy a incinerar y esparciré sus cenizas en el interior de una tienda de telefonía móvil. He decidido que a partir de hoy ya no lo necesito para pensar, incluso voy a hacer todo lo posible para sobrevivir sin él (sin el móvil).

martes, 16 de junio de 2015

El dedo índice de mi mano izquierda


Mi dedo sigue señalando en Amazon, aunque la portada sea distinta es el mismo, son las mismas historias. Si deseas saber a dónde apunta, pásate y descárgatelo en tu móvil, en tu Kindle, en tu ordenador…

Irma o esa persistente calle de París