lunes, 25 de marzo de 2013

CUATRO DIVAGACIONES ÚLTIMAS




Cuando por fin llegó a comprender el soy, el fui acabó con él.
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Su vida conjugó todos los tiempos del verbo ser. Hasta que se topó con la primera persona de singular del pretérito perfecto simple.
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Era muy coqueta. Pintó sus ojos con la raya más perfecta de su vida; esa noche tenía una cita muy importante. Con su fui.
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Vivió en el soy y fue feliz, muy feliz. El seré, paso por él con dudas. Más tarde, el sería le hizo infeliz. Y hoy, al llegar el fui, no dudó en acompañarle.

miércoles, 20 de marzo de 2013

DÍA INTERNACIONAL DE LA POESÍA


¿Qué mejor plan para un día como este que escuchar a los poetas? Y si entre ellos está mi hermana Koncha... ¡Insuperable! 

lunes, 11 de marzo de 2013

DIARIO DE MADRID




DIARIO DE MADRID

10 de marzo de 2004. 23,30 horas.

Sharif abre la puerta de su casa. Intenta hacer el menor ruido posible para no despertar a su niña. Cuelga el abrigo en la percha del recibidor y se acerca a besar a Salma, medio dormida sobre el sofá del salón: ¡Por fin, Salma! Mañana me tengo que presentar en la Delegación de Gobierno a recoger los papeles. Salma, aún sobresaltada, lee la carta con membrete oficial que acaba de entregarle Sharif y se abraza a él: Mañana, cuando deje a Sara en la guardería, voy a buscarte al trabajo y nos acercamos los dos.

Se marchan a dormir media hora antes de lo habitual; al día siguiente les aguarda el despertador más temprano que de costumbre. Manuel no logra conciliar el sueño, la discusión de la tarde con Emilia, como siempre por tonterías, le ha dejado intranquilo: Mañana, al salir del trabajo, compraré esos pendientes que le gustaron tanto. Emilia siente la tensa espalda de Manuel, ella tampoco consigue apartar de su cabeza las lágrimas de la tarde: Mañana le dejaré que se fume el cigarro de la cena sin mandarle a la terraza.

Resuenan las bocinas de los coches por el paseo de la Castellana. Raúl, no puede ser menos que los demás y machaca continuamente la suya mientras recuerda el momento en que el árbitro pitó el final del partido y todo el estadio, menos los cinco mil hinchas alemanes, gritó y saltó de alegría: Mañana se va a enterar el listo de Jose cuando me oiga cantar el himno a todo pulmón.

En el despacho del Ministerio del Interior, el ministro rebusca entre los papeles de su escritorio: Sí, pásame la llamada, por favor. ¡Hola, Paco! ¿Cómo estás? Aquí me pillas, mirando las últimas encuestas. Sí, sí. Venga, mañana nos vemos en la sede del Partido y hablamos tranquilamente sobre ellas. Hasta mañana.

11 de marzo de 2004. 19 horas.

Emilia llora, ya sin lágrimas, mientras su cabeza reposa sobre el hombro de su madre. Salma mira, sin ver, la foto de Sharif que descansa sobre la palma de su mano. Los padres de Raúl, sentados, se hablan pero no comprenden nada. Comparten una gélida sala acondicionada con prisas. Acaban de identificar a los suyos; tres cuerpos destrozados por las bombas que, esa mañana, rodaban sobre los mismos raíles.

En su despacho del Ministerio del Interior, el ministro rebusca entre los papeles de su escritorio: Sí, pásame la llamada, por favor. ¡Hola, Paco! ¿Cómo estás? Ya ves… Sí, sí. Venga, mañana nos vemos en la sede del Partido y hablamos.

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Han pasado nueve años desde aquel 11 de marzo. Este relato lo escribió la rabia y la indignación que sentí en los días posteriores. Hasta ahora nunca había visto la luz más allá de unas pocas personas muy cercanas, pero hoy he sentido la necesidad de enseñároslo. Todas las mañanas, de lunes a viernes, vuelvo a la estación de El Pozo, camino del trabajo; hoy me encontraré el recuerdo de algunos de los que no pudieron volver a subir a esos trenes en los que yo, por fortuna, aún puedo montar. Aunque vengan con retraso en algunas ocasiones.
Canalicé toda esa rabia e indignación hacia la crítica política. Quizá por esto es por lo que hoy cuelgo este relato en mi blog porque, por desgracia, algunos políticos no aprendieron nada, o no quieren aprender. El dolor, el sufrimiento, la mentira, no se deben utilizar para hacer política. Por eso perdieron esas elecciones y  por eso ahora, que juegan con otro dolor y con otro sufrimiento, están bajo mínimos en esas encuestas que tanto les han preocupado siempre. Aunque saben que tienen una ventaja enorme, a su falta de escrúpulos se les une la falta de memoria de los votantes. Hoy, ellos encabezarán los actos oficiales que se repiten año tras año en esta fecha. Espero y deseo que algún día los votos recuperen la memoria.
Dudaba sobre la conveniencia de escribir estas líneas después del relato, pero al final me he decidido. El Mañana que nunca existió para 191 personas y el Mañana que nunca hubieran querido vivir sus familiares y amigos, me obligaba a ello.
Porque los mentirosos sí tuvieron y tienen mañana.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Cuadro y reflexión de Juan Francisco Morales


Hoy, el blog se viste de etiqueta y os deja un cuadro y una reflexión de mi hermano Juan Francisco.



Hoy en día, cuando lo que hace falta, es una vuelta a las humanidades; después de la modernidad, como cambio de visión del mundo; de la posmodernidad como vuelta a lo sociológico; lo que hace falta es un arte múltiple y claro. Un arte que conlleve lo que se debe tratar y no tratar pero, sobre todo; que haga una apuesta por lo esencial: el ser humano.
¿De qué sirve la abstracción geométrica, hoy?

lunes, 25 de febrero de 2013

Así fue la presentación en la librería Muga de "1950 El año del… ¡Que no, que no me lo creo!..."


"Pablo, con tus historias, he vivido los difíciles años cincuenta a través de los ojos de unos niños que subsistieron en aquellas tristes fechas, pero, en muchas ocasiones, gracias a tu forma de narrarlo, según paseaba sobre las frases la sonrisa aparecía en mis labios; he participado en sus aventuras, en sus juegos, en sus travesuras, me has hecho compartir su inocencia."



"Para completarlo todo, unas fotografías precisas, muy precisas, y tus ilustraciones. Un conjunto, que hace de 1950 El año del… ¡Que no, que no me lo creo!... una lectura imprescindible para entender un poco más aquella época y para que intentemos no caer de nuevo en tanto error, en tanto horror.  Y, como nos dices en la introducción de tu libro, todos estos hechos narrados sin ningún ánimo de revancha."



Sí, amigos, esto le dije a Pablo y a los presentes en la librería Muga el viernes pasado en el acto de presentación de su libro. Poco más debía hablar porque estaba, estábamos, ansiosos por oírle a él. No nos defraudó, al contrario. Nos hizo disfrutar con sus vivencias y su memoria. Las manecillas del reloj corrieron más que nunca. Y mira que intentamos detenerlas... 

Con Koncha, Jara y Rafaela completamos el repoker de blogueros que hizo aún más entrañable el momento.



Pablo, ya sabes que tienes muchas más cosas que contarnos y que "ilustrarnos". Te esperamos.


viernes, 22 de febrero de 2013

La Casa de fieras


¿Tú vivirías en un país en el que sus dirigentes políticos se reúnen en la Casa de fieras? Para los que no conozcáis Madrid, la Casa de fieras era el pequeño zoo que siempre habíamos tenido en la capital. Estaba situado en los jardines del Retiro. Allí íbamos a ver a los tigres, a los leones, a los monos. Todos ellos enjaulados en unas celdas mínimas, sufriendo la falta de libertad de la misma manera que los que los contemplábamos. Eran los tiempos del blanco y negro.

Ahora, el Congreso de los Diputados se asemeja a aquella Casa de fieras. Verjas al principio de la Carrera de San Jerónimo. Verjas al final de la Carrera de San Jerónimo. En medio, los leones, a un lado y al otro de la escalinata principal del edificio. Son de bronce, pero… están cobrando vida. Yo creo que ahora se sienten muy cercanos a sus antepasados, los que vivieron entre aquellas rejas del Retiro. Te miran y en sus ojos puedes leer su ansiedad. Salir de allí. Recobrar la libertad. Ya no quieren convivir con esa otra especie nueva, animales bípedos, con traje, que se pavonean de su presunta superioridad. Los leones ya no soportan verlos pasar a su lado, con ese cinismo que transportan adonde van. Con esas manos sucias, manchadas con el color negro del dinero, empapadas en el rojo de los más desfavorecidos. Los leones están hartos de oírles hablar, chillar, discutir, decir palabras huecas. Discursos… discursos… Para nada. Para ellos. Mientras, los que estamos al otro lado de la jaula, no queremos ir a ver a esa nueva especie. No queremos oírlos.

Y ya sabemos que los leones no pueden vivir en cautividad, que se mueren poco a poco. Que ya no quieren ser de bronce. Que ya no quieren vivir con ellos.

¿Tú vivirías en un país en el que se permitiese tener enjaulados a unos leones, que eran de bronce, junto a esa nueva especie bípeda que viste trajes manchados de rojo?

Tú tienes la solución. Nosotros tenemos la solución. Vayamos a liberar a los leones de bronce, saquémoslos de allí, que corran con nosotros por las avenidas. Libres. Y, entonces, cuando ya estén fuera, cerremos de nuevo las rejas. Echemos la llave a todos los candados. De vez en cuando iremos a oír, junto a las cercas, sus gruñidos. Los gruñidos de la nueva especie. Allí dentro. Sin que puedan salir. Y, si, por casualidad, alguno baja por aquella escalinata que guardaban nuestros leones, que ya no son de bronce, y nos pide comida, no se la deis, recordad el cartel que leíamos en la antigua Casa de fieras. 

“Prohibido dar de comer a los animales”







Irma o esa persistente calle de París