Pequeñeces
Tras
el desahucio supimos que Martín, arrojado a la calle, se sintió
miserable, insignificante y visiblemente empequeñecido. Día tras
día, el peso de la culpa, por haber perdido su trabajo y no atender
los plazos de la hipoteca de su casa, se fue haciendo tan abrumador,
que para las primeras nieves, el pobre hombre, no levantaba ya ni un
palmo del suelo.
Ahora
que la crisis ha terminado, vive en un bonito chalet suizo de madera.
Un gran abeto y un cervatillo flanquean la entrada de su casa. Tiene
trabajo, aunque para conseguirlo se haya visto obligado a asesinar al
pájaro.
Asomado
a su ventana, Martín, canta puntualmente las horas en el gran reloj
de cuco de la juguetería del barrio.
4º clasificado Madrid: Juan de Dios Morán Maestre
Última
mirada
Luisa
sentada frente a la estufa, en la rebotica, agotaba el ultimo día
de trabajo y, a la vez, el ultimo capítulo de una novela de moda. No
le importaba quedarse un rato más con tal de terminar a solas y en
silencio su lectura. La idea de que ese delicioso momento ocurriese
en el autobús atestado de gente que regresa a casa con el alma
aniquilada, le parecía insoportable.
Una
rápida mirada fuera antes de correr el pestillo y pulsar el
interruptor. Nada extraordinario ocurría. La calle se veía vacía a
través del cristal del escaparate, levemente iluminada por el neón
de la cruz verde. Este barrio está muriéndose, pensó antes de
arrellanarse en la butaca. Se cubrió con una mantita de antelina y
dejó la radio susurrando una música sin fin.
Esperaba
sentirse satisfecha cuando llegara este momento y, tal vez por eso,
comenzó a leer con lentitud. Pero algo se precipitó frenéticamente;
el cristal estalló, frascos de cristal cayeron al suelo y exhalaron
un aroma viciado; la luz se apagó y a gritos alguien la llamó. Sólo
la dentadura postiza del escaparate se iluminaba de verde. Se
apagaba. Se iluminaba. Se apagaba...
5º clasificado Madrid: Javier Jiménez Domínguez
Salario
Mínimo Interprofesional
Los amigos del barrio no se creen que haya encontrado trabajo, me dicen que ya es mala suerte, solo uno de cada diez mil lo encuentra. Me han preguntado si no tenía seguro de empleo y les he dicho la verdad, que no. «Pues ahora te volverán las preocupaciones, tendrás que vivir por encima de tus posibilidades», que ya no me quedará para pagar los gastos de la Berlingo, ni los recibos de luz y agua, ni el alquiler; que apenas podré comprar comida y que me olvide de la ropa. Les dije que tan solo es temporal, mientras está de baja uno que voy a sustituir. Los muy cachondos me proponen que si consigo la dirección, ellos se encargan de que le den el alta de inmediato, ¡qué brutos! Pero es que lo estaba pasando bien, ajustado, suficiente para lo imprescindible y sin necesidad de que me ayudaran los abuelos. A ver cómo se lo toman ahora. Deseo que sea por pocos meses para que no me de tiempo a generar deudas que no pueda tapar cuando finalice el contrato. Aún no le he dicho nada a mi mujer, me da vergüenza, pero acabará por enterarse.
