Los que me conocéis un poco (y los que me conocéis un mucho,
por supuesto) sabéis de mi predilección por París, por eso he elegido este
título (gracias, Hemingway) para hablaros de lo que se ha vivido hoy, 9 de marzo, en Madrid, en Recoletos.
Y os lo quiero contar con el corazón aún caliente y con los latidos todavía
acelerados. Con la retina repleta de fotos. Como la de las diez de la mañana
cuando subes por las escaleras mecánicas de Renfe que te llevan a un asfalto
completamente vacío de coches y lleno de ilusiones, de personas que comienzan a
preparar sus escenarios que, en una hora, estarán listos para acoger a
madrileños ávidos de cultura de la de verdad, no de la que nos quieren imponer
como la única, con ese adjetivo que suena a diario deportivo: marca (que, por
cierto, tanto le gusta a nuestro presidente); de esta cultura que hacemos y
disfrutamos los de a pie.
Como la de las charangas, las batucadas, los grupos
de teatro, los cuentacuentos, los poetas, los pintores, los magos, los
escritores, los equilibristas, los bailarines, los barcos piratas que surcan la
avenida con sus velas cargadas de fantasía (perdón, porque se me quedan muchos en
el tintero). Como la foto muy personal de ver a tu gente disfrutar del sol, del
astrológico y del otro, del que formas parte en ese momento y que ilumina de
abajo arriba una de las principales arterias de Madrid.
Como la foto de lanzar
con el altavoz un mensaje de amor a las bibliotecas, como la de compartir tus
significados con tantos ojos que esperan para recibirlos y con la pancarta
de Vallecas todo cultura acariciándote la espalda y la Vallecas de verso libre de Concha a mi lado.
Madrid ha sido una fiesta, ha
reventado de abuelos, padres o
hijos con el único deseo de sentir la cultura.
Esa cultura que no interesa a
los que nos han robado los votos. No me importa. Ahora, con este corazón
caliente del que os he hablado, les puedo decir que sigan su camino, que hoy les
hemos demostrado una vez más que somos muchos y que no estamos dispuestos a rendirnos,
que más tarde o más temprano caerán por el abismo de la estupidez y del olvido.
Gracias especiales a los compañeros (capitaneados por Jose
Molina) de Vallecas todo cultura y a los de los 24 espacios del Paseo, gracias especiales a los
impulsores de este gran acontecimiento cultural, la Plataforma en defensa de la cultura, y a todos vosotros que habéis estado de paseo por Madrid desde
cualquier parte de España. Porque TODOS habéis estado aquí, con nosotros. Tengo la sensación de haber vivido una jornada
histórica y también de que no va a ser la única.
Ve, pensamiento, con
alas doradas,
pósate en las
praderas y en las cimas…
Así hemos terminado en la Puerta de Alcalá. Y así
comenzamos.
:) Y así fue, tal como lo describes. Doy fe. Un día bonito, bonito de verdad y esperanzador.
ResponderEliminarBesotes, LuisMi
¡Y encima nos hemos conocido!, aunque muy poquito...je, je. Me quedo con tu última palabra: esperanzador.
Eliminar¡Un besazo, Fram!
Me has contagiado con tanto ambiente cultural-festivo. Tengo la impresión que yo también he estdo ahí.
ResponderEliminarUna mañana deliciosa en la que me encantó encontrar a tanta gente y tener dificultades para andar y ver los distintos espacios en los que se ofrecía un poco de esa CULTURA verdadera, auténtica, viva y cercana.
ResponderEliminarBesos
Espectacular. Y espero que fructífero, también. Con ese ánimo nos juntamos ayer, hermano, convocados por la Plataforma y VTC. Desde Vallekas, seguimos adelante. Muás.
ResponderEliminarEn efecto, yo también estaba allí.
ResponderEliminarUn abrazo... ¡esperanzador!, esa es la palabra.
Me alegra que fuera un gran éxito! Y como bien dices, esto es solo el comienzo.
ResponderEliminarBesotes!!!
Cómo me alegro del éxito de la convocatoria! No podía ser de otro modo...
ResponderEliminarBesos,