Tampoco
le di mayor importancia. Al fin y al cabo, era normal. La había usado tantas
veces, pensé, que es lógico que en algún momento no puedas decirla, no te
acuerdes de ella. Aunque no puedo negar que, tiempo después, algo preocupado sí
que me quedé. Cuando comencé a no poder recordar cómo debía vocalizarla si me
la encontraba impresa. Siguió ocurriendo día tras día. No importaba el momento,
ni el lugar; o la compañía. Incluso a solas, no me sentía capaz. Por eso fue por
lo que consideré la posibilidad de inventarme una cada vez que me topase con
ella. La primera vez no lo logré. Ni la segunda: solo pude balbucir algo
incomprensible, incluso para mí. Quizá no debía inquietarme tanto la
situación; extraña, sí, pero que me permitía continuar con mi vida normal. Nunca tuve ningún problema.
Cuando llegaba a ella, la omitía, y seguía la conversación sin mayor inconveniente.
Aquel
día no podía fallar. La sala de convenciones del hotel estaba repleta. Era un
discurso muy importante para mi futuro y el de mi empresa. Solo tenía que
leerlo. Sencillo. Todas delante de mí, sobre el atril; me esperaban entre los
márgenes de aquellos folios escritos. Incluso ella. Ya tendría tiempo de
inventarla en otro momento. Leería despacio, muy despacio; sereno. Pronunciaría
cada letra, cada diptongo. Pausaría con suavidad sobre las comas y aguardaría
un instante tras el punto y coma. Todo transcurría a su ritmo; perfecto. Los
puntos y seguido me relajaban las cuerdas vocales; las mismas que, en los
puntos y aparte, refrescaba con un pequeño sorbo de agua. Hasta que la tuve
delante de mí. Era tan sencillo como pegar un salto. No lo notarían una vez
más. No pude. Un segundo. Dos. Sus miradas, por encima de los inmaculados nudos
de corbata, me acechaban. Enfrente, clavadas en mí. Tres segundos. El edificio
parecía a punto de derrumbarse. La inventé. Salió de mi garganta como entonada
por un divo de la ópera. No coincidía ninguna de sus letras con las de la otra.
Emergió por sí sola, sin pedirme permiso, sin siquiera saber lo que estaba
diciendo. Pero la entendieron. Y yo. Los aplausos atronaron la estancia nada
más acabar el discurso. Me vi rodeado de
abrazos. El director, el gerente, los compañeros; todos se lanzaron hacia mí
para arroparme con sus parabienes. Hasta un huésped alojado en el
hotel me felicitó; emocionado. La había escuchado desde fuera y entró para
ver cómo terminaba el acto. En el hotel, grabaron una placa con ella y la
situaron sobre el mostrador de la recepción. Las letras, cinceladas en oro.
Y
ahora, espero. Los académicos me comunicaron que en una semana sería incluida
en el Diccionario. En sustitución de la otra. Creo que no me acuerdo de ninguna
de las dos.
¡Haz memoria, LuisMi! No nos puedes dejar así...
ResponderEliminarBesote y sonrisa :)
Fram, hazme un favor, invéntate una y me la dices... seguro que a ti no se te olvida... Y así son tres...
ResponderEliminar¡Un besazo!
Como últimamente mis duendes inventivos están con el cerebro congelado, te propongo unas que no he inventado pero que me gustan mucho: "semilla y empatía".
EliminarBesote con sonrisa :)
Ala! y sin saber la palabra nos dejas! Ni la palabra ni la sustituta! Anda que...
ResponderEliminarBesos, aunque no sé si los mereces jejeje
Cita
Jajajaja... No te preocupes, hermano, que no se las voy a decir a nadie. Muás.
ResponderEliminarBueno, bueno Koncha pues no digas nada, siempre existe la posibilidad de que cada uno se invente la suya jajajajajjaja
ResponderEliminarAbrazos a los dos.
Pero qué palabras eran??!! Mira que dejarnos así, con esta intringulis... Ays, esas palabras...
ResponderEliminarBesotes!!!
Pero... y ¿así nos dejas? Tendrá una segunda parte esta entrada ¿verdad? Una magia de relato que sin presentar a la protagonista ni contarnos nada de ella, nos atrapa desde el principio.
ResponderEliminarSaludos
Confiesa, lo que pasa es que es una palabra tan poderosa que quieres guardártela para ti solito ¿no?
ResponderEliminarSiempre dejándonos en vilo, que habilidad.
Besos
Por lo menos inventa otra y dínosla para que sustituya a la nueva.!.
ResponderEliminarAquí todos esperando para conocerla y nos dejas in albis... no hay derecho!.
Muy bueno.
Un abrazo.
Bien, si todo el relato me gustó el final es soberbio..., me gustan sin poderlo evitar el escritor que me sorprende.
ResponderEliminarBesos ♥♥
Bueno... va... os digo las palabras... son... son... ¡Que se me han vuelto a olvidar! Es que tengo una cabeza...
ResponderEliminar¡Muchas gracias por vuestros comentarios! Y espero que perdonéis mi mala memoria. ;)
¡Besazos!
¡Buenísimo!...nos dejas sin palabras, o, con muchas, revoloteando en la cabeza...¿Un comienzo de una historia o relato?...y de mala memoria nada, que lo has hecho a posta...jejejej...¡Enhorabuena!
ResponderEliminar¡Cuánto tiempo sin venir por tu casa! Pero me recibes así, con un relato precioso, tendré que ponerme las pilas y visitarte más que me vas a borrar de los amigos!!
ResponderEliminarA mí también me gusta mucho empatía.
Pues...Me has dejado sin Palabras...Boquiabierto...¡¡¡Menuda Intriga!!!
ResponderEliminarPedazo de Relato. Me ha encantado.
Abrazos.
Bueno, Luis Miguel...sin palabras, me has dejado, espero y espero, llega el final y no aparece, y digo vaya, este intrigante relato me deja en suspense, precioso relato, me ha tenido en vilo hasta el final, cuando llegará la palabra?, gracias.
ResponderEliminarUna buena semana y un abrazo.
Ambar