¿ADÓNDE VAN?
Un día, mi sobrina Ana, que tendría
unos cuatro o cinco años, se quedó mirando fijamente al televisor, con esos ojos ávidos de conocimiento de los niños de su edad. Sobre una pista de tartán corrían
unos atletas. Y surgió la anécdota que, de vez en cuando, recordándola, nos
hace reír a la familia. Dijo: Mama, ¿adónde van?
Samia Yusuf Omar, representando a
Somalia, con 17 años, logró su sueño al correr la clasificación de los 200
metros en los Juegos Olímpicos de Pekín
2008. Llegó la última, diez segundos más tarde que la atleta que ganó la serie. Ella sí sabía adónde iba, adónde quería
ir. Ella podría haber contestado a Ana la pregunta de aquella tarde.
-Voy hacia un plato rico en
hidratos de carbono, hacia unos entrenamientos en algún Centro de Élite, hacia un
reconocimiento de mi labor en cualquier periódico deportivo, hacia una vida
nueva. Huyo del miedo, de la guerra, de la miseria, de la persecución por ser
mujer.
No he conocido a esta atleta por
la noticia que os acabo de contar; o quizá sí, es posible que en aquellas
olimpiadas me llamase la atención, pero mi memoria no la archivó. La he
conocido ahora, cuando he leído en la primera plana de los periódicos,
deportivos o no, la noticia de su posible fallecimiento, ahogada al intentar llegar
en una patera a las costas de Italia. Quería encontrar esas respuestas que le
habría dado a Ana.
Estoy sentado en el sillón de mi salón de veinte metros cuadrados, viendo
las imágenes de las rocas que iban a ser su meta, de la calle de aguas encrespadas por la que corrió su última serie de 200 metros. Sobre este sillón de
tres plazas, tapizado, contemplando la pantalla TFT de 40 pulgadas, escondidos, mi ombligo y yo, tras la barrera de esa crisis económica del primer
mundo, queriendo que se solucionen nuestros problemas, que, no dudo, los tenemos, siento
un intenso retortijón de tripas al ver la foto, en blanco y negro, de Samia, triunfante,
superpuesta sobre aquel mar, y, ahora, soy yo el que se hace una pregunta: ¿Adónde vamos?
¿¿¿??? Tú lo has dicho todo, hermano. Muás.
ResponderEliminar¡Hola de nuevo! ¡¡Biennn!! Acabas de volver y ya te empiezan a llegar los galardones. Te digo lo que a Silvia, bueno, o algo parecido: "Quien siembra calidades, recoge agradecimientos". Refrán recién acuñado. Muás, muás.
ResponderEliminarYo creo, que no sabemos a donde vamos, porque nos llevan y hasta ahora no hemos dicho BASTA.
ResponderEliminarMe ha gustado tu entrada. Enhorabuena
un saludo
fus
Efectivamente... buena pregunta "¿Adónde vamos?"...En todos los aspectos, andamos sin brújula.
ResponderEliminarY va siendo hora de volver a mirar las estrellas, recobrar el norte y no fiarnos de las flechas de autopistas, ni de los GPS.
Esta atleta corría detrás de su sueño que se tornó pesadilla.
Se dice que la verdad sale de la boca de los niños... ¡qué pena que crezcan!
Besotes y gracias por esta entrada.
Sin duda alguna , sin palabras!!un saludo Roman.
ResponderEliminarMe dejas sin palabras Román. Ya me puso la piel de gallina escuchar esta noticia. Y ahora tu entrada vuelve a ponérmela. No pudo llegar a su meta Samia, como tantos otros se quedan ahí en medio de las aguas. Su historia la conocemos pero hay tantas historias iguales. Es lo que desespera. Saber que hay tanta gente que sabe lo que va a ocurrir y no se hace nada. Que tenemos infinidad de políticos repartidos por el mundo que se limitan a charlar y charlar pero no hacen nada por evitar situaciones como ésta. Porque ellos saben como enfrentarse a este problema, pero parece que no quieren. Que no son sus intereses salvar vidas, que todo se rige en torno al dinero y la vida humana no vale nada... Hay días como el de hoy donde también nos hemos levantado con otra noticia triste en que sí, en que hay que hacerse esa pregunta: ¿A dónde vamos? Le tengo miedo a la respuesta...
ResponderEliminarBesotes!!!
No es que la vida humana no valga nada,como dice Margari, es que como siempre ha sido "Tanto tienes tanto vales" y así los que no tienen nada no valen nada y no merece la pena preocuparse por ellos. Hoy llevo un día de indignación... Y la respuesta a tu pregunta a mi también me da miedo pensarla. Bsos
ResponderEliminarNo conocía la muerte de esta atleta y si, su participación en las anteriores Olimpiadas.
ResponderEliminarNo sé donde vamos ni lo que algunos pretenden al llevarnos por algunos caminos en los cuales todos, desde el primero hasta el último, nos enfangaremos si no ponemos remedio a esta ruta suicida.
Muy buena Entrada, Luis.
Un abrazo.
Es la primera vez que paso por tu blog y me voy con los pelos de punta. Quién iba a decir que la respuesta a la pregunta de tu sobrina iba a ser esta?
ResponderEliminarSólo se me ocurre decir una cosa. Suerte. Suerte para todos. Porque está visto que ni el trabajo ni el esfuerzo se ven recompensados. Vivimos inmersos en una tómbola de la que sólo saldremos victoriosos con un golpe de suerte.
Besos, Román.
Lupa
Ah, y no, no es la primera vez que paso por tu blog, ha sido un lapsus
ResponderEliminarTriste final para esta atleta, y lo que mas siento es que sigue muriendo gente en las pateras engañados, pensando que vienen al paraíso, simplemente para que unos cuantos sin escrúpulos llenen los bolsillos.
ResponderEliminarY en cuanto a la pregunta final, vamos donde nuestros pésimos gobernantes quieren que vayamos o sea al sitio que tanto le gustaba a Fernando Fernán Gómez.
Un beso.
Una entrada magnífica.
ResponderEliminarCreo que más miedo de hacia donde vamos es al lugar al que ya hemos llegado en ese camino hacia la falta de sensibilidad ante noticias como la que nos traes, incluso peores.
Una lástima
Besos y enhorabuena por la entrada