Esta
noche he quedado con don José, aquí, en mi rincón del ByMe, para conversar,
para hacerle unas preguntas, para que le conozcáis. Estará a punto de llegar.
Cuando concertamos la cita le comenté que me localizaría al lado del cristal
con las letras biseladas. Él no me conoce y yo a él, lo imagino. Perfecto, no
tiene más que decirme, sé dónde encontrarle, a las doce en punto nos vemos, Le
espero, don José, muchas gracias.
Acaba
de entrar por la puerta. Es un hombre enjuto. Enseguida, tras cruzar el umbral,
se ha dirigido hacia mí, no ha dudado un instante. Camina despacio, como si sus
piernas dudasen entre dar el siguiente paso o no darlo. Aún no nos hemos hablado y ya está frente a
mí, sentado; sus ojos me observan y en sus pupilas descansa toda la sabiduría
del mundo, Buenas noches Román, Buenas noches don José, No es necesario que su
mirada me venere, solo soy un personaje, y viejo, ya muy viejo, Perdón don
José, no era mi intención molestarle, comprenda que… Ya, ya…, charlemos. Bien,
si le parece le pido a Mery una copa para usted, No, no, un vaso de agua, por
favor, Mery, tráenos un vaso de agua
cuando puedas, por favor.
No sé que
preguntar, cómo empezar la conversación; traía estudiadas mil y una cuestiones,
pero, ahora, enfrente de mí, es él, don José, no tan viejo como dice, mediana
edad, cincuenta, sin llegar a los sesenta; y esa mirada. Si quiere comienzo yo,
no le veo muy dispuesto, aunque ha sido usted el que me ha llamado, se lo
recuerdo, Oh, no, no, por favor, es tanto lo que me gustaría saber de usted que
no encuentro el hilo conductor, El hilo de Ariadna, es un buen principio para
nuestra conversación, sin ese hilo ya sabe que no podría moverme entre los
estantes de la Conservaduría, pero, para que no sea yo el que hable, viendo su
nula disposición a ello, por qué no me cuenta usted mi vida ya que tan bien se
la conoce, Si usted me lo pide, don José, no puedo negarme.
Su vida
comienza con una descripción del mundo burocrático y jerarquizado en el que usted
trabaja o, mejor tendría que decir, vive. Es un funcionario más de la clase
baja de la Conservaduría General del Registro Civil, los escribientes. Lleva
una existencia monótona que intenta adornar con una colección de fichas en las
que va apuntando las fechas y acontecimientos reseñables de la vida y de la muerte
de personajes famosos. Para ello tiene que trasgredir una norma fundamental,
utilizar una llave -que posee, pero a la que nunca debería recurrir- para penetrar,
fuera de las horas de trabajo, en la Conservaduría y a través de una puerta que
une la casa donde usted vive, a ella. Después de su primera y triunfal
incursión, se siente feliz, incluso se atreve a pasar la noche en el sillón del
jefe de la Conservaduría.
Los días siguientes continúa con sus incursiones en busca
de los famosos de su colección. Mientras, el conservador da la voz de alarma
sobre la falta de algunos impresos. Los que usted usa. Pretende detener por
unas semanas su trabajo para no levantar sospechas, pero ya no puede, aun
temiendo ser descubierto continúa con su labor. En una ocasión, debido a los
nervios vuelve con seis fichas en lugar de las cinco que pretendía. Así
encuentra la ficha -que se había pegado a la última de un famoso- de la mujer
desconocida, treinta y seis años, casada y divorciada. Aquí comienza su
obsesión. Ya no le importan sus famosos, solo le importa ella.
Hemos seguido hablando toda la noche, hasta que Byron,
amablemente, como siempre, nos ha informado de que el reloj estaba ya muy cansado.
Ha sido una noche de esas que nunca acaban, estoy seguro de que, durante mucho
tiempo, guardaré la imagen de don José sentado en el ByMe, frente a mí. Junto a
todos vosotros.
Solo me queda deciros que la vida de don José, llamada
Todos los Nombres, es imprescindible conocerla, leerla; para mí es “la novela”
de José Saramago.
¡Ah! ¡Perdonadme! ¡Hoy no os he ofrecido una copa! ¡Mery!
Por favor, sirve a mis amigos, solo vamos a estar un ratito más.
Me gustó mucho a pesar de la dificultad respiratoria de la no-puntuación... y creo que será el próximo en mi lista de releer.
ResponderEliminarAbrazo grande.
Byron, ¿me puedes traer un vaso de agua por favor? ;
¿Estaba a tu gusto el agua? El estilo Saramago es inimitable. Te voy a contar un secreto: Dudé en utilizarlo para los diálogos, pero he querido hacerlo como un homenaje, modesto, muy modesto hacia él. Espero haberlo conseguido. Y cuando vuelvas a releerlo, inspira un poco al principio y luego déjate llevar. ¿Cómo puede un ser terrenal hacerte olvidar los signos de puntuación? No están pero tu los lees... No sé, al menos eso me ocurre a mí.
Eliminar¡Un besazo, Framboise!
Por tu crónica, me imagino tremenda noche, cuántas palabras, cuántas ideas y puntos de vista para conversar y con un Byron siempre atento.
ResponderEliminarEspero que se repita y gracias por compartirlo con nosotros.
Saludos.
Tremenda, Aglaia, tremenda. Y estoy seguro de que la he vivido. Don José y don José siempre te hacen soñar despierto.
Eliminar¡Un besazo!
Maravillosa entrada y maravillosa velada la que has compartido con nosotros. Mucho me queda por leer de este gran ator y siguiendo tu consejo, a ver si logro colar Todos los nombres entre mis próximas lecturas.
ResponderEliminarBesotes!!!
Margari, me encantaría que siguieses mi consejo. Y luego hablamos cuando conozcas a don José. Aquí te esperaré, en mi rincón.
Eliminar¡Gracias y un besazo!
Me encanta ir al ByMe, me haces vivir las conversaciones que mantienes allí. Voy a tomarme mi copa... Hasta otro rato.
ResponderEliminarMela, y a mi me encanta que vengas por aquí, a charlar. Bueno, y también a tomarte la copa... Estoy muy a gusto con vosotros.
Eliminar¡Gracias y un besazo!
Formidable! cada vez tengo más la impresión de ESTAR (desde al lejanía)en el ByMe y encima contamos con tan grata compañía (el Don le hace justicia, merecidísimo). Original, emotiva y preciosa crónica, quiero amigos así y quiero Todos los nombres (Anotado). Una regalo más que una entrada la que hoy nos ofreces.
ResponderEliminarBesillos
Marilú, el regalo es para mí con los amigos que venís por aquí. don José me ha dicho que le encantaría volver a charlar con nosotros otro día, que sois majísimos. Y Mery y Byron están dispuestos a haceros unos cócteles especiales. Y te digo como a Margari, cuando lo leas, hablamos, que lo mismo convencemos a don José (y ojalá tambien a Don José) para que vuelva.
Eliminar¡Gracias y un besazo!
Don José, don Román, don Luismi... ¡Caray, Byron, por favor, un whisky doble, que la noche trae grandes emociones! El muás luce ribetes de magia y maestría, señor Saramago, ¿o prefiere que le llame señor Morales?
ResponderEliminar¡Hermana! No sabía yo tu afición a los whiskyses... Y, por favor, no me diga usted estas cosas que el que se va a tomar uno triple soy yo. ¡Morales, por favor! Que Saramago solo hay uno, inmenso, pero uno.
EliminarComprendo que te pierda la sangre... ¡Besazos!
Muchas gracias por invitarnos a esa entrevista que me ha abierto la ventana de la curiosidad. Mi próximo libro. Muchas gracias.
ResponderEliminarLas gracias a ti, trimbolera, por venir a charlar un ratito. Ya nos contarás tu experiencia con don José. Aquí te esperamos.
Eliminar¡Un besazo!
Una Entrada personificada en esa gran velada con un autor que siempre he admirado. El ByMe es un lugar que me encanta...Se respira un aire bucólico, bohemio...acogedor. Los diálogos a media noche lo hacen mágico.
ResponderEliminarUn abrazo.
Amigo Pedro, vosotros sois los que hacéis acogedor este rincón. Y me alegra confirmar que compartimos la pasión por el maestro Saramago. Me lo imaginaba.
Eliminar¡Un abrazo!
¡Qué buena idea invitar a Don José al ByMe!
ResponderEliminarUn gran personaje de un grandísimo autor y una cronica muy especial de Todos los nombres.
Traspasar la puerta de ese pub tuyo es siempre una experiencia sorprendente, me parece que va a ser el sitio de referencia de todos los blogueros para tomar una copa o... un vaso de agua.
Besos
¡O un café irlandés, Jara! ¡Gracias por tu comentario!
EliminarTenía un poco de respeto a esta charla, pero vuestros comentarios y los de don José (me ha confirmado que se ha encontrado muy a gusto con vosotros) han hecho desaparecer todas las dudas.
¡Besazos!
Me has vuelto a sorprender con esta entrada- crónica-recomendación, fantastica. Los diálogos sin signos de puntuación te han quedado como al maestro Saramago, que al contrario de lo que pueda parecer en un primer momento, no cuesta hilarlos.Hace poquito que lo leí y a mi también me gustó mucho. Besos
ResponderEliminar¡Hola Joven Encina! Ya he comentado que es un pequeño homenaje que deseaba hacer al maestro y me encanta que os haya parecido apropiado.
ResponderEliminarMuchas gracias por pasar a vernos, Silvia.
¡Un besazo gordo!
paso brevemente para saludarte y conocer tu blog, que me ha gustado, entre libros suele haber rincones cálidos. Y de paso anoto tu libro (y también tu última recomendación) para estas navidades
ResponderEliminarbesos,
¡Bienvenida, maslama! Pásate por mi casa cuando quieras. Te espero.
Eliminar¡Gracias y un besazo!