miércoles, 25 de julio de 2012

INSTANTES




Se sentó frente a él. O al lado. O al lado.

Habló, habló y habló. Sabía que nunca escucharía, que apartaría la mirada. Hacia un lado o hacía el otro. Apartaría la mirada para que aquellos ojos no oyesen su voz.

Y pensó. Para que sus oídos no viesen el movimiento de los labios. De unos labios que derramaban la piel.

Cerró los ojos y vio sus palabras atravesar el vacío. Se fijó en cada una de ellas: amor, amor, amor, amor… Y vio su sonrisa entre las letras. Fue cuando comenzó a sonreír. Sí, él también.

La sonrisa, la risa, el llanto. Entre la a y la eme. Entre la eme y la o. Entre la o y la erre.

No terminó nunca de llorar. No terminó nunca de reír. No importaba ya sentir los ojos cerrados, ni sentir las palabras, ni sentir sus palabras… Reía.

Reía a su lado. Lloraba a su lado. O a su lado. O frente a él.

Y el llanto y la risa aprovecharon un leve resquicio colgado en el aire para desaparecer.

Acarició los labios. Eran sus labios.

Ya no encontró el abecedario. Ni lo buscó.

A su lado. O a su lado. O frente a él.

Sonreía.

6 comentarios:

  1. Me quedo con la sonrisa. Y me la llevo. Muás.

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  2. Que instantes mas dulces. Hay que ver que tierno has vuelto. Besos

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  3. Yo también me quedo con la sonrisa, bsss.

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  4. Muy bonito y muy romántico.
    Saludos

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  5. ¡Qué bonito!!! Sobre todo esa sonrisa final... Preciosa entrada.
    Besotes!!!

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  6. Muy dulce este relato Román, un placer leerte.

    Un beso.

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Irma o esa persistente calle de París