“Siempre me ha gustado mucho leer, pero no tenía libros,
vosotros sí. El mundo ha cambiado y vosotros vivís en uno muchísimo mejor que
el que ha sido para mí, para vuestros padres y abuelos”. José Saramago, entre
otras muchas palabras, usó estas en el año 2003 en un encuentro que tuvo con
unos doscientos escolares en un pueblo de Granada, Castril y, más tarde, pidió
a los escolares que pensaran que si mañana conseguimos un mundo mejor “será
sólo con vosotros” porque “todo lo que queda por hacer tenéis que hacerlo
vosotros”.
Ayer pude disfrutar de una mañana inolvidable en el Colegio
Centro Cultural Palomeras de Vallecas, en la que escuché lo que otros
escolares, entre 11 y 14 años, habían escrito usando las palabras que su
imaginación les dictó. Fueron tres horas, en tres clases distintas, en las que
el tiempo se acabó demasiado pronto. Una frase de Saramago sobre el encerado
fue premonitoria una vez más: “Somos las palabras que usamos”. Estoy convencido
de que es la única manera de conservar la esperanza; con chavales como los que
tuve la fortuna de compartir la mañana de ayer, es imposible no creer en el
futuro. Fueron tres horas repletas de microrrelatos escritos por ellos, de
emociones, de sorpresas, de verdad. Y Saramago les observaba desde la pizarra muy
atento.
Detrás, como artífices imprescindibles, el colegio y sus
profesores. Porque sin la dedicación de estos hubiese sido imposible que la
mañana del seis de marzo luciera así colgada del calendario. Muchas gracias al
colegio, a los profesores y a sus alumnos, por la lección que recibí ayer.
Sigamos construyendo el mundo con palabras, las leídas y las escritas.
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