Donde todos

Donde todos
A la venta en espacioulises.com

domingo, 1 de diciembre de 2013

La palabra


Tampoco le di mayor importancia. Al fin y al cabo, era normal. La había usado tantas veces, pensé, que es lógico que en algún momento no puedas decirla, no te acuerdes de ella. Aunque no puedo negar que, tiempo después, algo preocupado sí que me quedé. Cuando comencé a no poder recordar cómo debía vocalizarla si me la encontraba impresa. Siguió ocurriendo día tras día. No importaba el momento, ni el lugar; o la compañía. Incluso a solas, no me sentía capaz. Por eso fue por lo que consideré la posibilidad de inventarme una cada vez que me topase con ella. La primera vez no lo logré. Ni la segunda: solo pude balbucir algo incomprensible, incluso para mí. Quizá no debía inquietarme tanto la situación; extraña, sí, pero que me permitía continuar con  mi vida normal. Nunca tuve ningún problema. Cuando llegaba a ella, la omitía, y seguía la conversación sin mayor inconveniente.  
Aquel día no podía fallar. La sala de convenciones del hotel estaba repleta. Era un discurso muy importante para mi futuro y el de mi empresa. Solo tenía que leerlo. Sencillo. Todas delante de mí, sobre el atril; me esperaban entre los márgenes de aquellos folios escritos. Incluso ella. Ya tendría tiempo de inventarla en otro momento. Leería despacio, muy despacio; sereno. Pronunciaría cada letra, cada diptongo. Pausaría con suavidad sobre las comas y aguardaría un instante tras el punto y coma. Todo transcurría a su ritmo; perfecto. Los puntos y seguido me relajaban las cuerdas vocales; las mismas que, en los puntos y aparte, refrescaba con un pequeño sorbo de agua. Hasta que la tuve delante de mí. Era tan sencillo como pegar un salto. No lo notarían una vez más. No pude. Un segundo. Dos. Sus miradas, por encima de los inmaculados nudos de corbata, me acechaban. Enfrente, clavadas en mí. Tres segundos. El edificio parecía a punto de derrumbarse. La inventé. Salió de mi garganta como entonada por un divo de la ópera. No coincidía ninguna de sus letras con las de la otra. Emergió por sí sola, sin pedirme permiso, sin siquiera saber lo que estaba diciendo. Pero la entendieron. Y yo. Los aplausos atronaron la estancia nada más acabar el discurso.  Me vi rodeado de abrazos. El director, el gerente, los compañeros; todos se lanzaron hacia mí para arroparme con sus parabienes. Hasta un huésped alojado en el hotel me felicitó; emocionado. La había escuchado desde fuera y entró para ver cómo terminaba el acto. En el hotel, grabaron una placa con ella y la situaron sobre el mostrador de la recepción. Las letras, cinceladas en oro.

Y ahora, espero. Los académicos me comunicaron que en una semana sería incluida en el Diccionario. En sustitución de la otra. Creo que no me acuerdo de ninguna de las dos.

16 comentarios:

  1. ¡Haz memoria, LuisMi! No nos puedes dejar así...
    Besote y sonrisa :)

    ResponderEliminar
  2. Fram, hazme un favor, invéntate una y me la dices... seguro que a ti no se te olvida... Y así son tres...
    ¡Un besazo!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como últimamente mis duendes inventivos están con el cerebro congelado, te propongo unas que no he inventado pero que me gustan mucho: "semilla y empatía".
      Besote con sonrisa :)

      Eliminar
  3. Ala! y sin saber la palabra nos dejas! Ni la palabra ni la sustituta! Anda que...

    Besos, aunque no sé si los mereces jejeje

    Cita

    ResponderEliminar
  4. Jajajaja... No te preocupes, hermano, que no se las voy a decir a nadie. Muás.

    ResponderEliminar
  5. Bueno, bueno Koncha pues no digas nada, siempre existe la posibilidad de que cada uno se invente la suya jajajajajjaja
    Abrazos a los dos.

    ResponderEliminar
  6. Pero qué palabras eran??!! Mira que dejarnos así, con esta intringulis... Ays, esas palabras...
    Besotes!!!

    ResponderEliminar
  7. Pero... y ¿así nos dejas? Tendrá una segunda parte esta entrada ¿verdad? Una magia de relato que sin presentar a la protagonista ni contarnos nada de ella, nos atrapa desde el principio.
    Saludos

    ResponderEliminar
  8. Confiesa, lo que pasa es que es una palabra tan poderosa que quieres guardártela para ti solito ¿no?

    Siempre dejándonos en vilo, que habilidad.

    Besos

    ResponderEliminar
  9. Por lo menos inventa otra y dínosla para que sustituya a la nueva.!.
    Aquí todos esperando para conocerla y nos dejas in albis... no hay derecho!.
    Muy bueno.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Bien, si todo el relato me gustó el final es soberbio..., me gustan sin poderlo evitar el escritor que me sorprende.

    Besos ♥♥

    ResponderEliminar
  11. Bueno... va... os digo las palabras... son... son... ¡Que se me han vuelto a olvidar! Es que tengo una cabeza...
    ¡Muchas gracias por vuestros comentarios! Y espero que perdonéis mi mala memoria. ;)
    ¡Besazos!

    ResponderEliminar
  12. ¡Buenísimo!...nos dejas sin palabras, o, con muchas, revoloteando en la cabeza...¿Un comienzo de una historia o relato?...y de mala memoria nada, que lo has hecho a posta...jejejej...¡Enhorabuena!

    ResponderEliminar
  13. ¡Cuánto tiempo sin venir por tu casa! Pero me recibes así, con un relato precioso, tendré que ponerme las pilas y visitarte más que me vas a borrar de los amigos!!

    A mí también me gusta mucho empatía.

    ResponderEliminar
  14. Pues...Me has dejado sin Palabras...Boquiabierto...¡¡¡Menuda Intriga!!!
    Pedazo de Relato. Me ha encantado.
    Abrazos.

    ResponderEliminar
  15. Bueno, Luis Miguel...sin palabras, me has dejado, espero y espero, llega el final y no aparece, y digo vaya, este intrigante relato me deja en suspense, precioso relato, me ha tenido en vilo hasta el final, cuando llegará la palabra?, gracias.
    Una buena semana y un abrazo.
    Ambar

    ResponderEliminar